Traduciéndome

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Del barrio “La Mondiola sos el más rana/y te llaman Garufa por lo bacán/tenés más pretensiones que bataclana que hubiera hecho suceso con un gotán (…)”

Garufa. Juan Antonio Collazo

No viene al caso donde ni cuando, pero si el qué.

Me pidieron, hace unos días, un artículo corto para ser publicado en una revista que toca -en reglas generales – los temas que yo toco en este blog. Naturalmente me alegré ante tamaña posibilidad -el director de la misma es un “personaje reconocido”- pero, y luego de ojear lo escrito aquí en estos últimos tres años y pico, se me vino todo abajo.

Refritar un artículo de “En tren a Bella Vista” no sería posible pues escribo argentinamente y tal nota en mi pluma imposibilita, a priori, una traducción fácil al inglés, lengua de la revista de marras.

Escribir argentinamente no es simplemente la utilización del voceo y de ciertos modismos del Plata. Si así fuera sería tan fácil todo…¡amalaya! No, escribir a lo argentino es construir las frases de un modo particular, barbárico a veces, jugando con las voces, con la correlación de los adjetivos, con adverbios extraños en modos extrañísimos y en lugares aún más raros. Los argentinos, en tal tesitura, si escribiéramos en latín, haríamos crema el hipérbaton casi inmediatamente…o por lo menos yo.

Lo de la argentinidad literaria lo discutimos largamente, y en varias oportunidades, con un amigo. ¿Se puede escribir en “argentino”? ¿Puede iniciarse una novela con el diálogo ” – ¿Qué andás haciendo che? – dijo Pedrito mientras se rascaba la oreja derecha”, ¿suena muy estúpido un argentino obviando el voceo? ¿sería una uruguayización del uso nacional de la lengua? ¿Cómo hacía Borges? ¿Jack Tollers suda sangre cuando traduce a Castellani al inglés? ¿Tenía razón Ciorán? ¿El Rumano es una lengua antiliteraria porque no la lee nadie? ¿Los argentinos estamos para escribir tangos y zambas? ¿Es una grasada la utilización de diminutivos como “zambita”? y muchas otras cosas.

Yo creo que se puede escribir en argentino (eso hago, de hecho) pero creo también que resulta complicado para un lector extranjero. Imagínese, querido lector, a Ud mismo, sentado en su sillón de preferencia leyendo una novela. Digamos que la novela fue escrita por Graham Greene y que uno de los personajes exclama, en un momento dado, al ver una cosa cualquiera -¡Recórcholis!

Peor si el texto habla de neveras, aparcamientos, sostenes, edredones, cobijas, gilipollas o prometidas. ¿No le daría un poco de cosa? ¿Acaso puede Ud. decirme que jamás le sucedió? ¿No son un asco últimamente las traducciones que nos importan de otros países a la triste República Argentina que, otrora, vio fantásticas ediciones locales de la literatura universal traducida alla maniera de nohotro´?

Esa sensación, creo yo, tendría un lector que dedique un rato a cualquier cosa salida de la más bien berreta pluma que Ud. está leyendo en estos instantes.

Mi conclusión, a todo esto, aunque muy precaria y con beneficio de inventario, es que el traductor al inglés de lo escrito en argentinísimo castellano, debe ser, y esto como condición sine qua non, argentino y, además, conocer al dedillo la lengua a la cual se vuelca lo escrito originalmente. Además será menester que no contento con conocer argentinismos y la lengua de destino, el traductor maneje los ismos, el slang, de dicha lengua segunda. Imposible, sin esa nota, llevar un texto argento al, digamos, inglés.

Seguramente castellanohablantes de otros lares podrán indicar lo mismo acerca de sus propios modos de la lengua. Yo qué se.

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34 respuestas a Traduciéndome

  1. Diego dijo:

    Está muy bien (salvo lo del edredón… ¿no me digas que usás eso del plumón, de horrible cacofonía). Valga acotar –ya que justo lo nombrás– que hay argentinísimas traducciones del inglés, como es el caso de algunas obras de Gra’m Green. Tengo la dicha –y desdicha por mi alergia– de tener una primera (y creo que única) edición de “La casilla de las macetas” de Green traducida por Victoria Ocampo. El librito –genial, sin duda– está genialmente argentinizado. (La edidción, de 1957, es una reliquia, de paso, con el título y el sello editorial (Sur) pegado a mano por los muchachos de Viamonte. Cuatro años después –en edición menos casera– Sur saca “A burnt out case”, bajo el discutible título Un caso acabado. La empresa estuvo a cargo de Enrique Pezzoni, otro gran anglófilo argentino, pero la versión ya es en un castellano más neutro… pero con algunos simpáticos argentinismos.-

    Perdón el marginalia, pero me pareció que algo tenía que ver.

    • El Viajante dijo:

      ¡Tiene todo que ver Diego! En otras épocas hubo traducciones argentinas muy, muy buenas, (pienso en los 60s y 70s). De su desaparición me quejo.
      Me acuerdo ahora de un libro de Lawrence que tradujo al castellano Leonor Acevedo, la madre de Borges. The Woman Who Rode Away”, pasado a nuestro idioma por la señora en cuestión como “La mujer que se fue a caballo”. ¿No suena horrendo más allá de que el título original, en sí, es algo feo?

      Respecto lo del edredón…¡estoy dispuesto a reconsiderar mi posición!

      • Diego dijo:

        Bueno: vaya ejemplo con doña Acevedo, tan poco criolla en sus hábitos (aunque sí en sus raíces). Si no es muy guaso, no hubiera quedado del todo mal un “La mujer que se fue al carajo”…
        Para no acotarse al asunto inglés, es interesante también el esfuerzo que hizo Carlos Lohlé –un tipo muy valioso e interesante– traduciendo (con Felipe Lorda) los magníficos textos de su amigo Pieter van der Meer de Walcheren… Tengo, por caso, La gran aventura (1954!!!) muy bien argentinizada (aunque un poco libre la traducción, a veces más salerosa que el original que tiene sus recodos medio plomo).-

  2. J. dijo:

    Me parece que todo puede traducirse. El arte está en hacerlo bien. Se ha podido traducir a Chesterton y sus juegos de palabras y paradojas. Se ha hecho bien y también mal. Se ha podido traducir a Dickens y a Flannery O´Connor y mantener la atmósfera local. ¡Se ha podido traducir la Biblia! (claro que la mala traducción trajo 100 años de guerra) En fin…me parece que se puede, aún con lo suyo. saludos.

    • El Viajante dijo:

      Diego,

      No conozco al autor y, lógicamente, tampoco la novela. Me tentó.
      Coincido, eso si, con que Lohlé ha hecho bien las cosas. Publicó buenos libros en ediciones dignas (más allá de la calidad del papel, tapas o lo que fuera).
      “La mujeres que se fue al carajo” me gusta mucho más. Habría que decírselo a María Kodama para que reedite la novela. Siendo que la traducción fue heredada (los derechos) por Borges, Kodama los posee ahora supongo. O mejor no, porque debe ser recontra berreta el libro. ¡Vamos! ¿como podría alguien titular un libro así? Yo pienso que puedo escribir una novelita corta que se llame “Quique patea la pelota” o “Un vendedor de panchos en la encrucijada” y no sonrojarme ante “The Woman Who Rode Away”. Y yo no solo no escribo novelas, sino que tampoco gané el Nobel.

      Le cuento que Acevedo se anglofilizó (si vale) luego de la muerte de su marido en un intento por “tenerlo con ella”. Él, agnóstico sino ateo y anglófilo hasta lo asqueroso, ella, católica devota. El primero murió sin los sacramentos y la segunda (que si tuvo esa asistencia), intentó mantener la memoria de su marido aprendiendo el inglés (antes lo ignoraba) y traduciendo libros (casi todos más bien pedorros). Cosas que pasan.

      J,

      ¿Donde firmo? coincido absolutamente.

      • Diego dijo:

        Autor fundamental Pieter.- Convertido al catolicismo por Bloy, de aquel círculo con los Maritain et alii.- Muy recomendable.-

  3. Casimiro Lafuente dijo:

    Vaya problema con las traducciones! Yo recuerdo el caso de “La naranja mecánica” de Anthony Burgess (1962) quien se lamentaba que las traducciones no alcanzaban “a comprender su resonancia cockney” dado que “A clockwork orange” tenía significado sólo para los viejos londinenses que usaban la expresión para referirse al paradigma de lo extraño, lo raro de toda rareza.Siempre se quejó Burgess que muchos entendieran la expresión como “granada de mano”(?), cuando su intención había sido referir “la aplicación de una moral mecánica a un organismo vivo”.

  4. Casimiro Lafuente dijo:

    En un libro de conferencias titulado “Siete noches” (1980), J.L.Borges dice en una de ellas (Las mil y una noches) luego de hablar de la primera traducción de Galland (1704) lo siguiente, acerca de las ulteriores traducciones:” La de Lane está acompañada por una enciclopedia de costumbres de los musulmanes.La traducción antropológica y obscena de Burton está redactada en un curioso inglés parcialmente del siglo XV, un inglés lleno de arcaísmos y neologismos, un inglés no desposeído de belleza pero que a veces es de difícil lectura.Luego la versión licenciosa, en ambos sentidos de la palabra, del doctor Mardrus, y una versión alemana literal pero sin ningún encanto literario, la de Littmann.Ahora, felizmente, tenemos la versión castellana de quien fue mi maestro Rafael Cansinos Assens(…)Cada uno de esos libros es distinto, porque Las Mil y Una Noches siguen creciendo, o recreándose”.

  5. El dilema de si un texto es intraducible o no somos suficientemente buenos traductores es, posiblemente, insoluble. Es como el huevo y la gallina. Daría pié para un cuento borgiano, si es que Borges no lo escribió ya. Ya me imagino la trama. El traductor que se obsesiona con el texto a traducir, se vuelve loco ya no distinguiendo su lengua materna de la nativa y, finalmente, se suicida para no cumplir la maldición de “traductor-traidor”…

    • Diego dijo:

      Qué bueno. Debería escribirlo Coronel. El tema es netamente borgeano porque, lo más complejo de las traducciones es que son cuarta o quinta generación del arquetipo, que ya fuera traducido al ente creado por el Logos-Traductor, retraducido a un personalísimo idioma arcano por aquel que contempló la cosa siendo, reretraducido por sí mismo a un idioma en uso y rereretraducido por sí mismo al formato literario. Y luego entra en escena el supuesto prototraductor… que puede cometer el abisal descalabro de invertir el stream traductoril y remontarse, como el Jordán echándose atrás, hacia su vertiente.- De allí es que surjan traducciones de textos ciertamente mejores que su original. Pues hay veces que la traición dora las culpas.-

  6. Marcelo dijo:

    Viajante:
    no tengo idea acerca del valor literario del argentino César Aira, pero parece que tradujo a Shakespeare y en una entrevista (creo en ADN) dijo ésto que copio, quizá aporte algo:

    “Shakespeare es riqueza pura, es una riqueza concentrada. En cada verso de Shakespeare hay poesía, metáforas, hay un avance de la acción, una caracterización del personaje, todo junto, en cada verso.
    En realidad, quien quiera leer a Shakespeare tiene que hacer un pequeño esfuerzo, aprender algo de inglés y leerlo, porque no hay de otra. Las traducciones pueden servir, ya sea como guía para alguien que está aprendiendo el idioma o ya como experimento para ver qué pasa, qué se trasmite de una lengua a otra.”

    • El Viajante dijo:

      Marcelo,

      Creo que este tal Aira está en lo cierto.
      Tengo un amigo que se ha “metido” en el inglés de Shakespeare fantásticamente. Él podría aportar un comentario mejor que lo que yo pueda decir.

  7. Casimiro Lafuente dijo:

    Viajante, ¿por qué no escribe el artículo solicitado directamente en inglés ud. y lo manda con “la traducción” hecha?

  8. Jack Tollers dijo:

    Yo siempre he querido hacer un trabajo sacando consecuencias culturales y de todo tipo del hecho que nosotros carecemos de traducción para ciertos vocablos ingleses (“awe”, por ejemplo, o “pattern”) y ellos tampoco saben cómo decir, por ejemplo “deicidio” o “pudor”).

    Con pensar un poco se podría armar el listado, pensar un poco, y listo el pollo.

    Pero, bueno, me hace acordar lo que dijo Martin Buber: “Había pensado escribir un libro sobre el hombre todo, que se llamaría “Adán”. Y luego lo pensé mejor, y no escribí nada”.

    • El Viajante dijo:

      El problema de sus comentarios, Mr. Tollers, es que no permiten “agregar nada”. Son demasiado redondos, digamos. Y eso, como todos sabemos, no es un problema!

      PD: Tendría que comentarle algo sobre un señor que escribe biografías bastante buenas y que, por las circunstancias, me ha contactado. Yo, por mi parte, recomendéle que publique (para eso me contactó) un trabajo que no es mío sino suyo sobre el Cura Tuerto. Va un mail próximamente.

  9. Casimiro Lafuente dijo:

    “if you need some help,
    if you can use some advice,
    remember me as a friend
    who is going to risk his skin
    to help you in any way
    when the time comes for that”

    “We’re even” Lyrics by Celedonio Flores
    Music by Carlos Gardel and José Razzano

    • El Viajante dijo:

      Casimiro,

      ¿Sabe Ud? me hizo acordar a dos canciones, With a little help from my friends de los Beatles y You´ve got a friend de James Taylor. Cosas…

      • Casimiro Lafuente dijo:

        Coincido, Viajante. A mí también siempre me ha parecido que “You ‘ve got to hide your love away”(Lennon-McCartney) es una versión crepuscular de “Amurado”(De Grandis-Maffia-Laurenz).

  10. Casimiro Lafuente dijo:

    Existe una conocida frase, que como toda hipérbole , ha sido construída para la provocación (en el sentido contingente de suscitar apologías y rechazos y en el inmanente para generar pensamiento) que dice que el hombre no ha escrito sino variaciones de dos famosos libros: uno que narra las alternativas de un extenso combate y otro que refiere a las peripecias del retorno.

  11. Marcelo dijo:

    Viajante:
    tal vez su amigo especialista en Shakespeare quiera dar una opinión sobre el texto de Faretta que copio abajo, texto seguramente polémico como es habitual en él.

    ESCOLIA SECUNDA

    Gracias amigos por los comentarios. Ahora sumemos más evidencias por favor.
    El dichoso monólogo que comienza con el “To be or not to be”. Fijémonos cómo lo hace Gibson -y lo marca Zeffirelli por cierto. Dubitativo, tembloroso, diciendo casi como Pepe Biondi “¿Dónde me pongo?” Como si estuviera repitiendo una letra que le estuvieran soplando de “fuera”. Nada de ojos en blanco ni crispaciones, nada de gestos de estreñido y donde no se está meditando sobre la existencia sino sobre la necesidad de tomar Cirulaxia. Tampoco con Gibson tenemos nada de gritos histéricos ni ademanes de orates que parecieran que estuvieran espantando un ataque de moscardones hambrientos.
    Y qué acierto de puesta el de Zeffirelli hacer que Hamlet monologue en la cripta familiar de Elsinore, y no pavoneándose vestido de negro por detrás de una balaustrada como un funebrero chic en un desfile de Roberto Giordano.
    Porque Hamlet no es un romántico, muy lejos de ello. Pero por lo general cae en manos de horrendos actores que sí lo son -como casi todos ellos- y así lo arruinan.
    Por el contrario, Zeffirelli-Gibson parecen haber tomado el recaudo de seguir el consejo que el propio Shakespeare pone en boca de su protagonista sobre el arte de actuar. Acto III, escena 2:

    “Hamlet: Speak the speech, I pray you, as I pronounced it to you, trippingly on the tongue: but if you mouth it, as many of your players do, I had as lief the towncrier spoke my lines. Nor do not saw the air too much with your hand thus; but use all gently: for in the very torrent, tempest, and, as I may said, whirlwind of your passion, you must acquire and beget a temperance that may give is smoothness. O, it offends me to the soul to hear a robustious periwig-pated fellow tear a passion to tatters, to very rags, to split the ears of the groundlings, who, for the most part, are capable of nothing but inexplicable dumb-shows and noise: I would have such a fellow whipped (…)
    “First Play: I warrant your honor.
    “Hamlet: Be not too tame neither, but let your own discretion be your tutor; suit the action to the word, the word to the action; with this special observance, that you o’erstep not the modesty of nature: for anything so overdone is from the purpose of playing, whose end both at the first and now, was and is, to hold as ‘twere the mirror up to nature…” Etcétera.

    Hamlet: te suplico que digas tu parte tal como yo la he dicho, con lengua firme, porque si vas a boquear como hacen tantos actores más me valiera que se la hiciera decir a un pregonero. Ni tampoco te pongas a serruchar el aire con las manos, sino úsalas gentilmente. Aun en medio del torrente, del torbellino, diría que en el vértigo de la pasión debes buscar alguna templanza para lograr suavidad. Me ofende hasta el alma ver a un patán con peluca desbaratar una pasión hasta hacerla pedazos y atronar los oídos de los últimos espectadores (*) a los que solo conmueven las muecas incomprensibles y el ruido; a tipos así yo los haría azotar (…)
    Primer actor: lo prometo, su Alteza.
    Hamlet: Pero tampoco has de ser demasiado suave, que la discreción sea tu guía. Que la acción se corresponda con la palabra y la palabra con la acción, tratando de no ir jamás más allá de la propia sencillez de la naturaleza; ya que todo lo que a ella se opone se opone también al arte de actuar, cuyo fin desde sus comienzos hasta hoy es -digamos- mostrar un fiel espejo a la naturaleza…” Etcétera.

    *: Shakespeare emplea “groundlings”, palabra que el inglés actual parece desconocer. De los traductores castellanos, Macpherson pone “vulgo”, Maradiaga “patio de gentes”, y el siempre criticado injustamente Astrana Marín que aquí acierta una vez más y pone “mosqueteros”. Nombre exacto del teatro español para quienes asistían a funciones teatrales o musicales de pie, detrás de la última fila de plateas –el patio- como todavía sucede -¿o sucedía?- en nuestro Colón.
    El autor tiene presente su propio teatro The Globe, donde luego de la tarima sin telón del escenario, había unas mesas y sillas donde se bebía y al final de las mismas, sobre la entrada en forma de herradura, estarían, detrás de unas mamparas de madera -parecidas a los burladeros de los toros-, los “groundlings”, espectadores de pie aunque munidos de vasos de cerveza, gin, o de vino malvasía que -según los tiempos- llegaba desde las Canarias y al que era muy afecto el propio poeta.

  12. El Viajante dijo:

    Casimiro,

    Hágase con una copia (virtual) de “It´s later thank you think” de Jack Tollers (comentada ya hace un buen tiempo en este blog). Además de ser una excelente novela, podrá encontrar los primeros versos de Flor de Lino en la lengua de Shakespeare. Está bueno.

  13. El cusifai dijo:

    ¿Traducir? Una odisea… Pocos pueden, tanto de ida como de vuelta. Al castellano, lo de Borges con el Lepanto de Chesterton o lo de Sáenz (el abogado platense) con el Lebrel … de Thompson, son contados los que lo logran. Y, viceversa, tal vez más difícil aunque no digo imposible. Quizá más fácil para un foráneo muy conocedor de lo nuestro como G. W. Hudson en lo suyo (que no sé si lo hizo).
    Por otra parte, si viene al caso, está lo de Ramón Doll cuando lo destripa al mismo Borges al explicar cómo conociendo tanto lo nuestro -modismos, costumbres, historia heredada y geografías- sin embargo, con sus mismos escritos, si innegable oficio y su erudición, destruye lo esencial de la argentinidad en su propia lengua.
    Traducir, entonces, es tarea tan compleja que puede llevar a destronar la belleza, falsear la verdad y maltratar al autor de manera irreversible. Pero el que lo logra aúna toda la riqueza del escritor original y el beneplácito de todos aquellos para los que era inaccesible.
    De modo que, ¡a no desfallecer! Porque el intento, de ser posible, vale la pena.

    PD.: El inefable Chamico (Don Conrado, por las dudas) con ese humor tan particular por el buen uso de lo absurdo, simula en uno de sus libros a un español -que no conoció la Argentina pero “en su defecto” (sic) escuchó muchos tangos- que relata una supuesta escena cuyo protagonista es lo que él presume que es un gaucho. Lo ridículo del breve cuento podría servir como ejemplo exagerado y gracioso de la pretensión de meterse en camisa de once varas cuando no se conocen ni la jerga ni la idiosincrasia.

    • El Viajante dijo:

      Cusifai,

      No puedo agregar una comda a lo que ha dicho. Me hizo acordar, eso si, del Lebrel del Cielo de Thompson y del traductor que hizo bien su trabajo. Pensando en ello recordé, también, una traducción de la Eneida a las castellanas letras, en verso, hecha en nuestra Argentina y por un sacerdote que dedicóse a tan ardua tarea. Todo eso me llevó – así son estas cosas ¿no? – a la Égloga IV y a recordar a un gran profesor que he tenido riéndose, con su cara de Borges, de una traducción italiana que, así, derechito y sin preocuparse demasiado, transformaba al italiano el comienzo del verso 60 -Incipe, parve puer – en el horrible “Incomincia, piccolo bimbo”. A mano tengo una edición en criollo que reza “parvulillo” y yo podría agregar las excelentes voces de golfillo, purrete, pibito, botija o nenito, entre otros claro. Para reirse también.

      Lo de Chamico…¡me dio ganas! ¿donde podría conseguirlo?

      Muchas gracias!

      • El cusifai dijo:

        Lo de Chamico, ch´amigo, es como la búsqueda del tesoro. Por suerte siguen existiendo las librerías de viejo y a uno no se le va el vicio de urgar. Éste que comento está en un librito que se llama Libro de Quejas, hay otro titulado Sumarios policiales, y a ambos los encontré esta semana en el Parque Centenario; además de otro que firma como Conrado Nalé Roxlo, de cuentos fantásticos (en ambos sentidos): Las puertas del Purgatorio.
        Un recurso extra: las fotocopias o el escaneo. Si gusta, hablamos.

    • El cusifai dijo:

      Che, perdone la morfada de la h de urgar. ¡Mire si tenía que traducir!

      • El Viajante dijo:

        Nada que perdonar! yo tengo unos problemas tremendos con la sintaxis que, creo, son peores que cualquier error ortográfico.

  14. Jack Tollers dijo:

    Quizás a alguno le interese cotejar el esfuerzo que hice con Castellani in English; very difficult, to say the very least…

    https://www.smashwords.com/books/view/174468

  15. psiqueyeros dijo:

    Mutatis mutandis el cuento borgiano que pide el coronel ya estaba de algún modo escrito, mi estimado. Usted se metió en ‘La busca de Averroes’, la traducción de algo de lo cual no se tiene experiencia pero al revés, en este caso usted tiene la experiencia del ‘escribir argentinamente’, o lo que es lo mismo la expresión del modo singularísimo que tenemos de escribir, pensar y comunicar las cosas, que, como usted dice, no es nada más que el voceo, y pretende comunicársela a quienes no tienen esa experiencia. Ya Borges, mejor que nadie, lo definió como el proceso de una derrota. La discusión en sí es vieja y reaparece de cuando en cuando cambiada de ropa, pero, siempre, una y otra vez, se trata de lo mismo: ¿Se puede comunicar la experiencia? En fin, me atrapa mucho más la dialéctica dinámica que corre por sus venas y la de sus comentadores, y tiene que ver más con la contraposición estética-contenido, ¿cuál es el emergente? (el componente que prima para aquellos que no gustan de neologismos gestálticos). Usted además de poseer una estética deliciosa en el modo de escribir es un hombre de contenidos, y eso lo pruebe todo su blog, por lo qué escriba mi estimado, escriba, no prive de sus contenidos a la lengua inglesa, aunque lo que de solipsista pueda tener la experiencia de escribir en argentino quede un poco maltrecha.
    “En la historia anterior quise narrar el proceso de una derrota. Pensé, primero, en aquel arzobispo de Canterbury que se propuso demostrar que hay un Dios; luego, en los alquimistas que buscaron la piedra filosofal; luego, en los vanos trisectores del ángulo y rectificado-res del círculo. Reflexioné, después, que más poético es el caso de un hombre que se propone un fin que no está vedado a los otros, pero sí a él. Recordé a Averroes, que encerrado en el ámbito del Islam, nunca pudo saber el significado de las voces tragedia y comedia. Referí el caso; a medida que adelantaba, sentí lo que hubo de sentir aquel dios mencionado por Burton que se propuso crear un toro y creó un búfalo. Sentí que la obra se burlaba de mí. Sentí que Averroes, queriendo imaginar lo que es un drama sin haber sospechado lo que es un teatro, no era más absurdo que yo, queriendo imaginar a Averroes, sin otro material que unos adarmes de Renan, de Lane y de Asín Palacios. Sentí, en la última página, que mi narración era un símbolo del hombre que yo fui, mientras la escribía y que, para redactar esa narración, yo tuve que ser aquel hombre y que, para ser aquel hombre, yo tuve que redactar esa narración, y así hasta lo infinito. (En el instante en que yo dejo de creer en él, “Averroes” desaparece.)”
    La Busca de Averroes, Borges.

  16. El Viajante dijo:

    Estimado Psiqué y Eros,

    Muchas gracias por sus comentarios. De más está aclarar que Ud. se cuenta entre esos comentaristas que Ud. pondera tan positivamente – conjunto con este blog y su autor-. Muchas gracias.
    Tendrá que disculparme la tardanza en responder; quehaceres que, Dios mediante, no deben repetirse jamás nunca me alejaron del teclado. De vuelta -aunque a medias- le escribo entonces.

    Hoy, matando el tiempo en un avión, leí -releí- la Busca de Averroes. Ahora me encuentro con su comentario…cosas que pasan, como dice José Larralde.

    Un abrazo entonces.

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