¿Donde?

flor de metal

“(…) Y si sentís tristeza 
cuando mires para atrás, 
no te olvides que el camino 
es pa’l que viene y pa’l que va (…)”

Alfredo Zitarrosa

Hace un tiempo ya, quizás dos años, comenté, en este mismo blog, un libro de Vintila Horia que recopila una serie de artículos que el escritor y profesor rumano escribió acerca de las ciudades que visitó y, en algunos casos, donde vivió. Buenos Aires fue una de ellas, donde el eminentísimo Horia, con el bagre picando, peleó como pudo para hacerse de unos dineros para la comida, el techo y alguna cosita más.

En el Palermo de los cuarentas, aún de casas bajas, la estética barrial no era tan chic ni tan boutique como lo es en la actualidad. Los árboles, me imagino, eran tantos como ahora, sino más, y las señoras de su casa se paseaban por las veredas a hacer sus compras. Vintila escribió sobre eso con la pluma de descriptor que tanto le envidio.

Un día lo invitaron a dar una conferencia a la que asistió con su mejor traje, que conservaba de épocas más prósperas, cuando fungía como diplomático para su patria, Rumania, y hasta llegó a ser publicitado en los avisos sociales de La Nación diario como un eminente catedrático rumano. Horia, con sus chauchas, palitos y cerebro a cuestas, se presentó y dictó la ponencia como siempre, como en sus mejores años, como correspondía. De vuelta en Palermo, llevado por un colectivo oloroso, volvió a sus pocos libros y a su paciente esposa que, me imagino, compraría también el pan y las frutas en los mercados (o en el mismo mercado de Palermo) pequeños que hoy brillan por su ausencia y por la presencia de su primo lejano, el supermercadito chino bajo la sombra de los supermercados de verdad, monstruos.

Horia, que no era palermitano, ni porteño, ni argentino, finalmente volvió a su patria, donde continuó trabajando y escribiendo. España, que fue algo así como una segunda patria, adoptiva, también lo recibió como era menester. Su paso por la Argentina, de color ocre, es recordable porque vintila lo era, y porque Buenos Aires, con su olor a todo y su falta de esperanzas, tapa, en la vorágine urbana, tantísimas cosas. Muchas de ellas, color ocre, como dije, afloran, emergen, en otros lados, en otras localidades y geoposiciones que tienen lo suyo, sin duda alguna, pero no tiene ese nosequé de la ciudad con el nombre más aromático y el aroma más basuriento.

Después del posteo último, que suscitó una gran cantidad -alegremente- de comentarios, esta pequeña entrada, que no dice nada, tenía que venirse. O no, o no tenía, porque, después de todo, para que venga yo debería estar donde para el tren.

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4 respuestas a ¿Donde?

  1. Lupus dijo:

    Debo ampliarle algo, una nada: es cierto que el Palermo de los 40 era como ud. dice, pero hasta los 70, incluso un poquito entrados los 80, aquel Palermo sobrevivió más o menos así. Y debo también corregirle algo, pero es una enmienda que no le va a sonar mal, y hasta me parece que de algún modo es innecesaria. Sospecho que trató ud. de hablar inofensivamente, por las dudas. Se trata de esto: ojalá la estética del Palermo actual fuera nada más que chic y boutiquera, ojalá.

    ¿Sabe cómo se lo digo? Pitando un faso de dorapa y soñando que me apoyo en el farol que usé de pibe, el que ya no está. Ni el pibe ni el farol: nada queda de aquel Palermo en el que me crié. Por alguna magia sucia y miserable, del viejo Palermo de guapos y de barras (perdón, no le puedo seguir el eufemismo y la delicadeza) salió este Palermo de trolos y maracas. Feo, perfumado, edificado, incorregible. Los árboles eran más, créame. O eran más árboles, como los bares, que eran menos, pero eran de los amigos. Pena y nostalgia. Me agarró mal parado y sin farol.

    Y con la bronca también (pucha la hora) de haber estirado tanto la primera noche tratando de arreglar una bitácora para solamente haber logrado empeorarla. Pero lo invito, vea, a ud y a quien quiera (bl-og-ock.blogspot.com.ar), con el auspicio de la luna exacta, en el minuto justo en que acá adentro ya no sé ni lo que hago ni quién soy. ¡Y no va que encima vengo y me lo encuentro a ud. recorriendo el barrio…!

    Muy bueno recordar a Vintila, tipo tan interesante y tan querible. Se lo conoce poco. Deberé recuperarme para poder hablar de él. No es problema. Ahí afuera sé muy bien quién soy y lo que hago. Un abrazo

    Lupus

  2. Demódoco dijo:

    “Pobre Palermo, tan lejos de vos y tan cerca de ellos” (al eco de Lupus), se podría parafrasear. Y me recuerda, habiendo llegado a una de las redes sociales, con las cuales he pactado un uso compartido, una frase, que no viene al caso, del poeta-escritor (más escritor que poeta; y más buen lector que los otros dos) ciego (que no es Demódoco), Argentino (¿O solo porteño?), JLB, y paseando por el post de marras, cito, a pura memoria: Buenos Aires, capital de un imperio que nunca existió.
    Vintila, ¿qué hemos de agregar?. Vintila y Buenos Aires. Nosotros y Buenos Aires. Ocre rechazo amigo Viajante, y la angustia por la ausencia de los dos.
    Abrazo
    Demódoco

  3. Josefina dijo:

    ¡Eso! Siga escribiendo, por favor.

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