Seis millas de largo

Da-Vinci

“Nothing I can say will prevent some people from describing this lecture as an attack on science”.

“Nada que pueda decir evitará que algunas personas vean esta conferencia como un ataque a la ciencia”

The Abolition of Man. C.S. Lewis 

“(…) the schaddow of that hydduous strenth

Sax myle and more it is of lenth”

” (…) la sombra de esa terrible fortaleza

es de seis millas y más de largo”

Ane Dialog. David Lindsay

Tengo un amigo que, en reiteradas oportunidades, me insistió para que escriba algo acerca de la última novela de la Trilogía Cósmica – o Trilogía de Ransom – de C.S Lewis. La verdad de verdades es que no escribí jamás lo que mi amigo en cuestión pretendía pues llegué, hace ya tiempo, a la idea de que había dicho demasiadas cosas ya en este blog en torno a la obra de Jacksie y que, por lo tanto, todo agregado sería superfluo y, además, aburrido. Todavía sostengo esa idea, no es que haya cambiado de opinión, pero, y a fuerza de amistad, paso a decir algunas cosas respecto esa gran novela que ofreció resistencia singular a varios amigos y conocidos.

La cosa es así: Manuel, mi amigo en cuestión, pidióme que diga algo aquí con el objetivo de torcer su voluntad y hacerlo, finalmente, gustar y leer esa última entrega de la saga. Tal cosa no va a suceder por dos motivos básicos: 1. No puedo convencer a nadie de que lea nada y 2. No creo que haya que convencer a nadie de leer nada (o que yo deba hacerlo al menos). De cualquier manera es posible, aunque no muy probable, que después de lo que viene más abajo “pique” la curiosidad de Manolo y, finalmente, pase las páginas de Esa Horrible Fortaleza. Manos a la obra.

La cosa se empantana casi inmediatamente porque la traducción al castellano (en todas sus versiones) del título de la novela suena cacofónica, larga, levemente tonta y, por qué no, bastante, infantiloide. Los epítetos se pueden aplicar, todos juntos, tanto a “Esa Horrible Fortaleza” como a “Esa Fuerza Maligna”. La segunda, aún más flojita sin duda, traduce en clave moderna y se pasa de vuelta. La primera, por su parte, tomando el origen de la frase en cuestión (que el propio Lewis indica en las primeras páginas), se despacha con una traducción que cruza 500 años haciéndonos leer “fortaleza” donde se lee “strength”. Hideous, en ambas posibilidades, no puede sino pasarse al castellano de forma más bien débil y casi bobalicona (los adjetivos horrible y maligno remiten casi inmediatamente a ese castellano neutro propio de los dibujos animados de las décadas de los setentas y ochentas). Empezamos mal.

¿Qué pensaría Manuel si le contara que Jacksie Lewis tomó el título del libro en cuestión de la obra de un poeta escocés del siglo XVI y que el poema en cuestión, en anglo escocés, suena bastante raro? Seguro no pensaría demasiado pues, a todas luces, no tiene mayor importancia la cuestión si, sacada de contexto, solo se enuncia. Vamos al contexto entonces.

Lewis publicó That Hideous Strength en 1945, año de la muerte de su queridísimo amigo Charles Williams que influyó, desde su propia obra, considerablemente en la prosa de Jack, como se nota a todas luces si se confrontan ambas producciones. El Inkling olvidado por mayorías tiene algunas novelas interesantes (que mayormente no leí, tendré que decir) y que recuerdan, en su estructura a Esa Horrible Fortaleza. Un tolkeniano de estricta observancia diría, sin duda, que Jacksie abandonó la influencia de J.R.R para caer en las garras de la fantaciencia bombástica del semi esoterista de Williams. ¡Créame lector! no digo lo que digo de balde, lo he escuchado alguna vez. La cosa es que nada de todo eso es cierto pues el motor del grupo era el propio Lewis que reunió en una mezcla de amistad y camaradería devenida finalmente en amistad a personajes como el propio Tolkien y el ya nombrado Williams, conjunto con poetas más bien raros como Hugo Dyson, ex militares como Warres, el hermano de Jack y profesionales de mundos ajenos a las letras (vg: médicos). Todo eso junto produjo ese mundillo pequeño y fructífero que Joseph Pearce ama biografiar: los Inklings. Influencia uno.

Vamos a la segunda: El antiguo Jack; el que había “muerto” ese día en que, montado en un colectivo, viajó un teísta y volvió un cristiano. A decir verdad, y siguiendo lo que el propio escritor señala en varias oportunidades, el teísta que aún creía en la cosmología estrambótica de la ciencia moderna, esa que en Inglaterra predicó cual apóstol el señor Wells, estaba destinado a fenecer…por ridículo. No lo digo yo, lo dice Lewis en ¿Es la teología poesía? que puede encontrarse en castellanas letras en El Diablo Propone un Brindis. Léalo, ahí está la papa de todo esto.

Jack, que otrora había coqueteado (y fuerte) con el mundo titanista, voluntarista, biologicista y bobalicón en boga en las primeras décadas del siglo pasado, rechazó de plano, todo juntito y después de atosigarse un poco con un cristianismo medio berreta, la caterva de dogmas baratos del cientificismo para, una vez en la otra vereda, darse cuenta, realizarse, de que la cosa era más complicada de lo que parecía y que, después de todo, esa payasada ya denunciada por Chesterton décadas atrás, tenía un trasfondo siniestro, repulsivo, hideous. A por él fue, en 1943 cuando publicó la Abolición del Hombre como corolario de una serie de conferencias que dictó en Newcastle. Dos años después, con todo lo dicho arriba, llevó la idea a la ficción y se despachó con Esa Horrible Fortaleza a denunciar la disolución del hombre en la nada, en la religiosidad freudiana, en el dogmatismo cientificista que si no es imbécil es peor pues, esencialmente, es satánico.

Jack no se volvió loco, ¡nones! todo fue a propósito y calculadamente. De hecho descartó la original novela final de la trilogía (cuestión que produjo dolores de cabeza, juicios por plagio y otros problemones a su albacea literario, Walter Hooper, aunque es otra historia) y se embarcó en denunciar al mundo moderno dando en el clavo que no vio Benson, que no olió Newman ni de cerca, que Chesterton disminuyó y que, en estas pampas, Castellani tocó muy pero muy de costado casi en la misma época, apuntando los cañones en la tradición de los nombrados sin percatarse, quizás, de que lo que Jacksie Lewis tenía entre manos era más feo, serio y complicado de lo que parecía. Jack, el anglicano irlandés anglófilo, amante de la tierra de Spencer y de Bentham, denunció más y mejor, en ficción, que los que siguieron la línea romana, latina, que entrelazó a los cardenales ingleses conversos con un ruso blanco, un ex judío francés y nuestro cura tuerto.

¡Ya sé! le pegué un poquito al cura tuerto. Todo lo dicho queda a revisión de la Inquisición de la Santa Madre Iglesia Castellaniana Jerárquica y considérese todo lo contrario a la recta doctrina de la misma no dicho, execrado y repudiado por quien estas líneas escribe, pobre abusador de comas e interjecciones.

Vuelvo al tema. Manuel, mi amigo, se aburrió, creo yo, se exasperó con las páginas y páginas y páginas de una novela que parece no “arrancar más”, contrariamente a las dos primeras entregas de la saga (Out of the Silent Planet y Perelandra – mal subtitulada aclaratoriamente como A Voyage to Venus). Le recomiendo calurosísimamente que haga un esfuerzo, que le ponga ganas, que se trague las cavilaciones de los dos tortolitos malogrados de Esa Horrible Fortaleza y que recuerda que el moralista (en el buen sentido) Lewis escribió todo eso y no tanto el Lewis que aún tenía a Charles Williams consigo y que todavía era un alegorista medio craso. Este Lewis, algo pesado – lo reconozco – es, en mi humilde opinión, el mejor de todos. El mismo que no tuvo empacho de acusar, estadísticamente, a uno de cada diez estudiantes de futuros canallas, el que se intentó llevar puesta la contradicción mal solucionada de la “Fe y la Razón”, el que era suficientemente coherente para creer y no “creer” en hadas, el que no le tuvo miedo al mundo pagano precristiano (ni se embriagó con el romanticismo alemán que es tentador pero que no es más que una torre alta que lleva a morirse como miserable, un doliente de balde o…un Hölderlin) y que, por sobre todas las cosas, sabía, a fe cierta, que, creer para entender, como San Agustín, era una de las claves, sino la más importante, para ponerle el hombro a lo que se venía. Ellos, los otros, los “malos” en su cinismo, también lo saben, ¡Amalaya!

Son muchas palabras ya diciendo poco y desordenado. Quizás la idea original, la de convencer a mi amigo de darle otra oportunidad a Jacksie no se haya concretado pero vale la pena intentarlo. Seguro que si.

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12 respuestas a Seis millas de largo

  1. psiqueyeros dijo:

    La verdad que me dio ganas de darle otra leída al libro… como innumerables personas que conozco siempre tuve por floja la tercera parte de la trilogía… Aunque debo decir que mi clave de lectura, en el momento virginal que la hice, fue el funcionamiento de los grupos de ‘pertenencia’, o bah… sectas a secas. Estando dentro de una me vino la bufona idea de que es exactamente así como funciona este lugar en el que estoy… por supuesto… era solo un libro, yo un pendejo, y Lewis un protestante con el que había que tener cuidado… en fin, me hubiera ahorrado años de dolor y lágrimas si hubiera puesto más atención. Seguramente habrá miles de otras ‘claves de lecturas’, pero esta fue la mía, singular, en un momento singular…

    • El Viajante dijo:

      ¡Désela! Respecto sus previas pertenencias a organizaciones “de esas”…no puedo decir nada. Supongo que leyó “Mientras no tengamos rostro”. Siendo que su blog se llama Psiqué y Eros… Caso contrario, se lo recomiendo aún más!

  2. psiqueyeros dijo:

    Sí, obvio, de ahí parte el título del blog. He leído mucho Lewis, y es el autor que más cerca he sentido de todos los que he leído, creo que mi gusto por la psicología nace de él… Todavía recuerdo el día que me cayó en las manos el Gran Divorcio tipo 11 de la mañana, 4 horas después, habiéndome olvidado de comer me levanté de la silla conmocionado ante tanto narcisismo al desnudo… Es uno de los poco autores con el cual no he pasado por la “muerte del Padre” (sí me pasó, y cómo, con Castellani), supongo que sabe transmitir sus miserias mientras escribe para que después el lector no tenga que matar al autor idealizado para poderse conectar con él… En fin, buscaré la novela, en inglés esta vez a ver que encuentro…

  3. Manola dijo:

    Gracias amigazo por el posteo. Me diste el envion necesario para volver a subir esta loma empinada, que espero me sabra a cumbre si, como me contas, este Lewis es el mejor.

    Creo que en parte, me costo leerlo por mi evidente carencia de inglesitud intelecto/espiritual (que no genetica).
    No sientas pena, creo que es una de mis mejores virtudes!

    Termino el chilenisimo Pusillus Grex, me calzo la boina y me voy de cabeza, tomando carrera, contra las 6 millas de largo de Esa Horrible Fortaleza.

    A ver quien gana esta vez!

  4. Marcelo dijo:

    Viajante:
    disculpe si es una pregunta muy elemental teniendo en cuenta el exhaustivo trabajo que se tomó al hacer este sesudo análisis del relato de Lewis, pero: si una novela se vuelve tediosa para el lector, ¿no hay un fracaso, por muy geniales que sean las ideas que allí se exponen?.

  5. El Viajante dijo:

    Marcelo,

    Quizás sea como Ud. dice. De cualquier manera existen subjetividades fuertes en juego. ¿Qué diría Ud. si le confesara que X novela, famosísima, recomendadísima, exitosísima, me parece un bodrio intolerable? Me ha pasado varias veces.

  6. El Viajante dijo:

    PS: No hubo exhaustivo trabajo alguno, escribí (como todo acá) de un tirón. Así nomás. Como sale.

  7. Antonella dijo:

    Estimado Viajante: Me sumo al agradecimiento de Manuel. Sin duda el comienzo es denso y lento, pero una vez superado es imposible soltar el libro.
    Hoy lo terminé y me ha dejado muy contenta. Es magnífico el mensaje de Lewis, ¡magnífico!
    Allí quedó el libro lleno de mis pestañitas lectoras marcando buenos pasajes.

  8. El Viajante dijo:

    Antonella,

    Me alegro mucho que te haya gustado el libro. Se alegraría aún más Jacksie Lewis sin duda pero se nos murió.
    Lo de las pestañas lectoras muestra cierta tendencia levemente obsesiva. ¿o me equivoco?

  9. Marcelo dijo:

    Viajante:
    en un párrafo del texto lo nombra a Holderlin, copio un fragmento de un escrito de Rodolfo Martínez Espinosa (el hoy casi olvidado difusor de Guenon en Argentina, que de día era empleado jerárquico del Banco Nación y el resto del tiempo… digamos un “protomonje benedictino”; y gran amigo de Fr. Mario Pinto O. P.). Creo coincide bastante con lo que ud. afirma:
    “Hôlderlin, Novalis o Blake, privados de la armadura del saber tradicional y aislados en el desierto luterano, se debatieron desesperadamente contra las potencias de ilusión y extravío, sin poder dejar a salvo más que la rectitud de su intención” (de La confesión de Merton).

  10. El Viajante dijo:

    Gracias por la cita. Es verdad, coincido.

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