Merienda de negros

“La república es  una merienda  de negros”

Juan Galo Lavalle

Si este blog fuera una de esas bitácoras que recomiendan lecturas recomendaría, en este momento, y como si no lo hubiera hecho en otras oportunidades, a Evelyn Waugh. No solamente porque Waugh fue un escritor excepcional, con esa prosa descriptiva típica de ciertos escritores de mitad de siglo que parece haber sucumbido ante los tomotes plagados de “plot” sin “background” más modernos. No solo por eso. Si solamente la buena prosa contara, ¡habría que recomendar cada cosa!. Pero no, a Waugh lo recomiendo a todo lector, al del tren marrón que pulula entre Retiro y Pilar, el que para en Bella Vista, al que lee en colectivos atestados de gente con tarjetas que cuidan cual zafiro que otorga descuentos, a los que leen en la cama, con dos almohadas, de noche y con los ojos colorados, a los que leen de día en un sillón, esas rarísimas aves que aún existen, quizás, en poquísimos departamentos porteños y algunas casas del interior…y también al que viaja en el Urquiza, el tren socialdemócrata.

Pensándolo bien, al del Urquiza habría que obligarlo a leer, al menos, una novela de Waugh y creo que esa novela debería ser Black Mischief, traducida al criollo como “Merienda de Negros”. Mischief no se traduce ya por merienda porque sonaría a unos negros tomando el té por la tarde, no. Mischfief, que habría que trasladar al castellano como “picardía”, “travesura”, “trastada”, y al castellano argentino mezzosecular como “manganeta”, encuentra, creo yo, su hermana castellana en la bonita palabra “cachafazada”. Asi que una traducción literaria y no literal tendría que ser algo así como “Cachafazada de negros” o mejor: “Cachafazada e´negro´”, que suena mejor y se ve mejor aún.

Si esto, como dije, fuera un blog de recomendaciones literarias no debería arruinarle la lectura al recomendado, por lo que, y solo por hoy, diré que Black Mischief es absolutamente actual, tremendamente real, horripilantemente familiar… si se la lee en el transporte público argentino. La historia de un emperador de un país inexistente del África Negra, imbécil como pocos, soberbio como muchos, enamorado del “progreso” y de “lo nuevo”, cruzada con la de un inglesito mentiroso, ladronzuelo y, en el fondo, profundamente mediocre, interesará sin duda alguna.

Interesará mucho más al lector si éste recorre sus páginas mientras un bólido de lata, carcomida, hace lo propio sobre vías igual de ajadas por los suburbios bonaerenses. ¡Háganme caso!

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7 respuestas a Merienda de negros

  1. Hablando de meriendas de negros en los trenes suburbanos de Buenos Aires, justo ayer conversábamos con uno de mis hermanos acerca de esta gente que le gusta compartir con todo el pasaje sus gustos musicales, en particular la cumbia villera o similares joyas de la música culta; estos negros de todos colores, como decía Anzoátegui, que tienen semejantes “máquinas” digitales que hacen palidecer a mi humilde y baqueteado celular laboral que a duras penas se escucha cuando alguien llama.

  2. El Viajante dijo:

    Gran verdad Coronel. Yo, por mi parte, tengo un amigo que es un verdadero campeador contra las hordas de musicalizadores ad hoc del transporte público. Un verdadero ejemplo a seguir en la materia, el amigo en cuestión no tiene empacho de atacar verbalmente -y de amenazar físicamente- a estos cultores de la música estridente, cacofónica y berreta que surge de los parlantes de sus celulares.
    Otro amigo, que escucha tango, en el subterráneo y de mañana; harto de sufrir la asquerosidad musical de otro viajante púsole su celular en la cara mientras daba play a “Garufa” presumiblemente en versión de Gardel. La primera de las opciones, la del amigo que, cual Arias Gonzalo, se bate a duelo singular con estos engendros, parece más útil. ¿No cree?
    En otro orden de cosas. ¿Ha leído Merienda de Negros? si no lo hizo hágalo, hágame caso, es la historia de nuestro país en los últimos diez años.

    • Tengo que.
      Gracias por la recomendación.

      • Estimado Viajante: Siguiendo su recomendación, me fui a Kel a comprar “Black Mischief”. No lo conseguí; se encontraba agotado, me dijeron. Por esas cosas de la vida mis ojos fueron a dar al lomo de “A conspiracy of dunces” de John K. Toole. Este libro, que había leído en castellano hace muchos años, es de ésos que cuando uno empieza no puede dejar. Y viene a cuento, no sé si del San Martín o del Mitre, pero sí de la sociedad en la que vivimos, tan necesitada de una cruzada de buen gusto, decencia, geometría y teología.

      • El Viajante dijo:

        Gualterio,

        Qué pena que no pudo conseguir el libro. En castellano, si le vale, creo que se encuentra. Yo se lo puedo pasar en el idioma que prefiera en formato PDF o en ePUB (que es el propio de los eBook readers). La conjura de los necios, como está en castellano, está ahí, en edición de tusquets creo, tapas amarillas, en la biblioteca. Lo tendré que leer, su recomendación me tentó. Muchas gracias!

      • Amigo Viajante: Muchas gracias, ya lo tengo en PDF. Voy a ver si lo voy imprimiendo de a poco.

  3. Gordo Rey dijo:

    Yo lo leí viajando en el Mitre y me hice nacionalista.
    Ni el peronismo puede tanto.

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