(No) Fantasía (Colofón) – Micromégas

“It is my belief that everything you need to know about the world can be learned in a church choir” 

Connie Willis

El tema del posteo anterior llevó, en los comentarios, a derivaciones, a escolios, en torno a los escritores de ciencia ficción y sus filiaciones religiosas. Amén de que quienes comentan en este blog superan ampliamente a quien escribe los posteos, quien suscribe dijo, por ahí, en unas de las respuestas, que Micromégas, cuento del cachafaz de Voltaire, fue el puntapié inicial para la tradición literario-atea de ficción. Me acordé, oportunamente, de la feísima edición que tengo por ahí del cuento en cuestión. Ahora, y pensando de nuevo en él, recordé que compré ese libro en un supermercado, creo, de la costa atlántica hace no sé cuantos años ya. En esa compilación de cuentos de ciencia ficción, ordenada cronológicamente, había otro cuento, el de un tipo alimentado a base de whisky por su frisona (en realidad las frisonas son vacas que dan leche pero, por carácter transitivo, aplicáse a señoras gordas del norte de Europa que alimentában a niños de mejor condición económica) que ve extrañísimos seres geométricos. Una historia espantosa. Si mal no recuerdo, el último texto del broli en cuestión era “El Eterno Adán” de Verne.

La cosa es que esta digresión no tiene nada que ver con nada pero ¡qué va!, me dí el gusto antes de decir alguna cosilla sobre Micromégas y sobre algo que pensé pensando en Micromégas.

El Micrómegas de Voltaire es un extraterreste (de la época en la que nadie hablaba aún de extraterrestres) que viaja, junto a otro alienígena (del cual no importa ahora su origen) al Planeta Tierra, recorriéndolo, para encontrarse con unos fulanos bastante diletantes que, subidos a un barquito, exponen las posiciones de diferentes filósofos que – según Voltaire – representan diversas posiciones de la historia de las ideas.

Llegan a Santo Tomás, y con ello, a la idea de que la Creación toda ha sido hecha para el gobierno del Hombre (y con ello, para mayor gloria de su Creador, claro está, aunque de ello se olvide el cagatintas de Voltaire). Tal cosa produce una risa tremebunda a los dos alienígenas, que esconden las ideas del heresiarca, “pensador” y confeccionador de diccionarios francés, que proceden a presentar una tesis al respecto en París. El cuento termina de forma poco interesante que dejo al lector si acaso tiene unos trece minutos de balde para dedicarle.

Los tipos en el barquito me hicieron acordar de Jerome K. Jerome, hijo de, seguramente, un hombre sin creatividad alguna, autor de “Tres Hombres en una Barca”; libro que si no leyeron, deberían. De J.K.J fui, derechito, a Connie Willis, autora de ciencia ficción yankee de la cual recomendaría su “La Peste Negra”. Willis tradujo, en clave ciencioficcional la célebre novela de Jerome en una obra propia, “Por no mencionar el perro”.

Mrs. Willis, cristiana protestante, adaptadora de Jerome y sus hombres embarcados, cristianizó aún más la historia que, si no fuera por la figura de la chalupa y los señores sobre ella, sería tan contraria al Micromégas voltaireano como lo es usar una media de cada color.

En fín, esto, que es un colofón, y que no es un posteo, termina aquí. He dicho.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

14 respuestas a (No) Fantasía (Colofón) – Micromégas

  1. Lupus dijo:

    Viajante, muy interesante su reflexión sobre la fantasía y sus derivados, en el post anterior y este colofón. Oportuno también el recuerdo de algunos pequeños autores grandes, como Jerome y Walter Miller Jr., del cual Marcelo trajo a colación una obra sorprendente a cuya recomendación me sumo, “Cántico por Leibowitz”, que pertenece al extendido y desparejo terreno de la “ciencia ficción”, donde pastan y prevalecen los adoradores de Clarke y Asimov, máximas vacas sagradas. Es sin embargo Asimov, divertido extraviado, quien trata de explicar cómo, dónde y por qué surgió dicho sub-sub-género literario, y las condiciones bajo las cuales se desarrolló (de matriz yanquee, por supuesto, para él: las “amazing stories” como antiguo testamento). Lo hace en un breve tratado o manual, cargado de datos y anécdotas: “Sobre la ciencia ficción”. No hace falta aclarar que el librito nos permite refutar con precisión una cantidad de cosas que el ruso se empeña en afirmar minuciosamente. Por ejemplo, el modo en que considera la ficción o fantasía tolkieniana. Útil como placa en negativo, digamos. Felicitaciones y saludos

  2. Marcelo dijo:

    Viajante:
    ¡eureka! (“lo encontré”). He aquí el fragmento de Castellani sobre la fantaciencia a que aludo en la entrada anterior -y que quizá no es tan duro con el género como creí recordar-:

    “Hay hoy día una abundante y muy en boga literatura apocalíptica falsa; que dicen algunos críticos “es la literatura de la Nueva Era”; que “se extiende y se va a extender cada día más”; que “ha suplantado a la copiosísima novela policial”; que “es un medio de mejorar a la gente”; “en donde hallarán Uds. las más puras delicias, “a pure delight” –dice A. E. van Vogt, “Destination:Universe”, Post Script-Signet Books, N. York, 1933. Se refiere a la llamada “fantaciencia”, de la que en efecto se publican centenares de novelas, algunas muy bien escritas, la mayoría apocalípticas, y la mayoría desa mayoría, hórridas y desesperantes.

    (…) No quiero extenderme acerca deste nuevo género de visiones “en el cual la imaginación no tiene vallas”, dice van Vogt (pur troppo!) que conducen al lector al terror o al desaliento; o bien (y son las menos) a ilusiones eufóricas acerca del futuro. La mayoría son disparatadas, y no es el menor mal influjo que irradian, el despatarro del sentido común; pues algunas son dementes casi; como las del autor susodicho. Ponen como base un absurdo:-por ejemplo, que el tiempo es reversible (como es el espacio) hacia atrás o hacia adelante (The Time Machine de Wells, que ha tenido innúmera descendencia) y como consecuencia deste absurdo filosófico se pueden extraer las más descacharradas consecuencias, por supuesto: como por ejemplo, que yo puedo ser padre de mi padre, o bien asesinar a mi abuelo antes de que engendre a mi padre. “Ex absurdo séquitur quódlibet”.

    Todos estos fantaciencios (sacando los pocos católicos a que aludí arriba, Verne, Benson, Lewis, Bauman, Artus…) son “naturalistas”; es decir, todo lo que según ellos sucederá en el futuro, sea próspero sea terrífico, es obra del hombre solo –o de los presuntos habitantes de otros planetas ¡o estrellas!, que nos los pintan de 40 o 50 diferentes monstruosas maneras.- Dios no tiene nada que hacer en el mundo; si no es manifestarse a través del hombre deificándolo; en los autores panteístas, como Clarke.

    La actual fantaciencia –tanto la puerilmente promisoria como la atrozmente amenazante- es la expresión de la angustia y de la angurria del hombre actual ante la Técnica- su nuevo Idolo; y es la mitología de la nueva religión “vitalista” de la Humanidad, que añoró y conjuró Bernard Shaw en “Back to Mathuselah”, prólogo. O sea, es el Quinto Evangelio de la Ultima Herejía…

    (…) Está claro que no condeno el “género” en sí. Este género literario es lícito (quedó dicho que hay en él algunas pocas obras maestras católicas). Es la mala mentalidad religiosa y moral de los autores quien lo hace “hic et nunc” pernicioso.

    R. P. Castellani – El Apocalipsis de San Juan, Editorial Jus, México, 1967, págs. 337 a 340.
    —————————————————
    P. D.: a Lupus lo conocíamos por el blog de Wanderer, esperemos ahora engalane frecuentemente con sus notables intervenciones el del Viajante.

    • El Viajante dijo:

      Marcelo,

      Gracias por la cita. Algo parecido dice, en resumidísima versión, en la entrevista del barbudo Pablo J. Hernández de editorial Hachette y comentando a Wells en la Crítica Literaria. De cualquier manera creo que aquí, en lo que Ud. trae, y especialmente por el contexto (el Apocalypsis de San Juán), tiene mayor sustento.

      Muchas gracias,

  3. El Viajante dijo:

    Otrosi digo,

    Lupus,

    Me quedé pensando en su comentario, y fui a buscar lo de Asimov. Después lo leo.
    Pero me quedé pensando, no solo en la recomendación, sino en que haya puesto un comentario aquí (como Marcelo, me alegra mucho la cosa). Estaba en eso cuando me acordé que Jack Tollers lo había entrevistado – reconozco que no leí su entrevista oportunamente -, por lo que me bajé el texto y me lo comí.
    ¡Qué cosa! Tollers, que de esto sabe, le preguntó sobre lo mismo que vengo escribiendo aquí…y como un año antes, o más, ¿quién sabe?. Me alegró leer, en reglas generales, que coincidimos al respecto.

    PD: La escena suya, de niño, leyendo bajo la sábana no pudo sino llevarme a eso de Lewis de que posiblemente la única experiencia literaria en suceso en Oxford (mientras él escribía eso), era un chico leyendo, con una linterna y bajo las sábanas, la Isla del Tesoro de Stevenson. ¿Habrá sido usted quizás?

    • Lupus dijo:

      Amigo Viajante, estaba escribiéndole una cosita sobre la fantasía y la “ciencia ficción” y se me llenaron los ojos de arena, por nocturno, y me embarullé, por larguero. Procedí a guardarlo y veré después si sirve para algo. Pero fíjese que le doy al refresco y me encuentro con este último comentario suyo, así que no puedo irme sin antes decirle que es un gusto para mí pasearme por aquí. La verdad es que hace bien ir de la mejor literatura a la realidad, como felices lectores, antes que de la peor realidad a la literatura, como los autores tristes. Y oiga: si no soy cegato o tonto (cosas totalmente probables), las anotaciones horarias de su blog andan medio a trasmano. Me alegro. Porque ahora soy libre de creer no sólo que puedo haber sido yo aquel jovencito lector ensabanado que vio Lewis, sino que puedo seguir siéndolo todavía. Gracias por esto también, un abrazo.

  4. Lupus dijo:

    Esos párrafos de Castellani los releí muchas veces, al cabo de cada tanda de novelitas de “ciencia ficción”, que venía después de cada tanda de novelitas policiales, que… El Cura daba en la tecla y de repente le agarraba la furia. Era así, cuando estaba cabrero se ponía un poco racionalista, no siéndolo. Hazañas imposibles, enemigos imbatibles, misterios insolubles, amores inalcanzables, fulminantes derrotas provisorias. De todo eso participan la Ilíada, la Eneida, la Divina Comedia, los relatos de todos los tiempos. ¿Sólo se debe ser instructivo, realista, doctrinal? ¿Sólo nos corresponde lo “posible”? Eso ni siquiera es ser filosófico. Lo de la imaginación como la loca de la casa es, por lo general, un problema de las mujeres: las mujeres son, y tal vez deben ser, tomistas recalcitrantes (salvo en el amor). El hombre pertrechado nada más que de razón y de realismo tiende a pasarse demasiado tiempo al revés, de cara al pasado y de espaldas al futuro. Y el oficio de dar la espalda te acostumbra a poner cara de culo, ¿no?

    A mí los viajes en el tiempo, por ejemplo, me siguen divirtiendo, sobre todo cuando están bien logrados (ponele algo de Heinlein, de Bradbury… o Lost). Es claro que si te metejoneás con “El fin de la eternidad” de Asimov o “Luz de otros tiempos” de Clarke sos boleta. Pero una novelita como “En algún lugar del tiempo” de Matheson me distrae y me descansa, aunque la trama se vaya al carajo. Qué vas a hacer, no hay más Benson ni Lewis que lo que tengo. Dice Cristo: “Antes de que Abraham fuese hecho, Yo soy”. No dice “fui”, dice “soy”. Y explica Tomás: “pues el Ser eterno no conoció tiempo pretérito y futuro sino que incluye todo tiempo en uno indivisible”. Así habla Tomás, que no era tomista puro. ¿Se entiende? Claro que no. El misterio enorme de la eternidad frente a la provisoria incógnita del tiempo. Que cada uno saque las cuentas que quiera. Para mí la imaginación es un órgano más útil que la vesícula.

    El punto es a qué cosa llamamos “ciencia ficción”, o mejor, ¿sirve ese nombre? Castellani, calentito, le encajó “fantaciencia” y nos clavó a todos: dejó pasar la mezcla. ¿Señor del Mundo “ciencia” ficción? (bueno, ¿Verne católico?… las primeras veces tal vez). Me parece que de antemano nos rendimos a la denominación y a la normativa moderna (en otro momento seguiremos con esto).

    Lo que nos complace, en realidad, es la fantasía, que buenamente trajo a colación aquí el amigo Viajante. Porque en el terreno de la fantasía lo que verdaderamente importa es, justamente, el viaje, ya sea a Perelandra, a Hogwarts o a los círculos del infierno. Al fin de cuentas, desde que nacemos viajamos en el tiempo. La vida es un viaje y el viaje puede ser duro. Pero como tiene destino de misterio, es un viaje fantástico.

  5. Marcelo dijo:

    Lupus: convengamos que la cuestión es polémica. Sobre el tema de los viajes en el tiempo en el cine, copio un fragmento del análisis de la obra de J. Cameron que hizo un amigo en su blog:

    “TERMINATOR:

    Desde la base del absurdo –como decía Castellani- del “tiempo reversible”, esta película cuenta cómo el líder de la humanidad del futuro, John Connor, que dirige a los hombres en su guerra contra las máquinas, envía a un hombre al pasado (presente de la película) para que proteja a una mujer –que va a ser su madre- de un robot que también es enviado pero para matarla y evitar así que nazca el futuro salvador, él mismo. Este joven luchador que es enviado termina acostándose con la mujer y engendrando al líder. O sea, que el líder J.C. envió a quien iba a ser su padre…que muere en el combate. Por lo tanto, si murió, no pudo haberlo conocido y enviado. En fin, un absurdo rotundo, sin pies ni cabeza, que algunos admiten porque “es cine”, y entonces se permite cualquier cosa. Sí, anular el sentido común, o hacer del hombre un dios, ¿por qué no? Veamos más detalles:

    – El futuro salvador o líder tiene las iniciales J.C., como Jesús Cristo (además del mismo director, por otra parte).

    – El hombre joven enviado del más allá como un ángel protector de la mujer (ángel quiere decir “enviado”) no sólo es un anunciador, sino que por su intermedio la mujer ha de engendrar al futuro líder. Sólo que este hombre se acuesta con la mujer, la destinada a ser madre del salvador.

    – La mujer es perseguida por un robot (demonio) que nadie puede vencer, el cual tiene como misión matarla. El hombre que la protege muere, pero la mujer finalmente vence a esta criatura maligna. Recuérdese el Génesis: “Y podré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje; éste te aplastará la cabeza y tú le aplastarás el calcañar” (Gen. 3, 15). La imagen de la Inmaculada muestra a la Virgen aplastando con el pie la cabeza de la serpiente: humildad contra soberbia. En “Terminator”, la mujer finalmente, para matar al robot, debe aplastarle la cabeza, luego de que éste la persiguiera arrastrándose como una serpiente y le atrapara con su mano un pie. Pero la mujer lo aplasta accionando una prensa hidráulica, una poderosa máquina hecha por la mano del hombre.

    – La mujer decide huir –como la Virgen encinta debió huir a Egipto- al desierto. La mujer de la película no huye con un santo ni con un hombre, sino acompañada de un perro, a bordo de un jeep sobre el cual se lee la inscripción: “Renegade”.

    Como se podrá ver fácilmente, hay en esta película una parodia tanto de la Anunciación como de la Sagrada Familia, a la vez que una pseudo-profecía sobre un futuro oscuro donde los hombres darán pelea sin ninguna intervención divina, sino a través de sus propias fuerzas y mediante el uso de las máquinas: Cameron siente fascinación por las tecnologías ultrasofisticadas.

    También puede decirse que el mal, en Cameron –como en todo gnóstico- es una realidad positiva. De allí que los enemigos de los hombres sean robots, creados específicamente para combatirlos. En “Terminator II, Juicio Final”, se verá a este robot-demonio re-programado y convertido en ángel protector del líder, sin que cambie su imagen exterior. “

  6. Lupus dijo:

    Estimado Marcelo, sus apuntes son irrefutables. Simplemente repito: el viaje en el tiempo (y cualquier viaje de ficción), cuando está bien logrado, me divierte. Sea una utopía o una distopía. Sobre todo lo último, qué sé yo. Debe ser la marca de Robinson… No sé cómo explicarlo sin entrar directamente al aspecto ¿fenomenológico? de esta cuestión, la de la “sci-fi”. Me distraigo, descanso. Y no es lo único: la última versión cinéfila de El Topo me gustó mucho, pero no se la haría ver a nadie que no haya leído el libro, y al mismo Le Carré no lo recomiendo al tuntún.

    El alimento sólido lo busco en otro lado. Terminator es un pasatiempo clase C –o H si lo prefiere. Matrix es un pasatiempo clase B –o B+, por la primera. Si llevaran la Trilogía Cósmica al cine (de ningún modo lo van a hacer, es imposible aligerarla) sería un pasatiempo clase… depende del guión, del director, de los actores, de los enanos informáticos, blá. De acuerdo, convengamos: la cuestión es polémica, sí señor. Pero ¿sabé qué? esta clase de polémica me gusta enjuagarla en whisky y ponerla lejos de todo análisis sesudo. En el rango “narrativa”, pocas cosas llegan al nivel superior. Y las pocas que llegaron (por escrito), a mi entender, pusieron el techo muy arriba.

    ¿Hace falta poner todo abajo de una lupa?

    Con aprecio y respeto

  7. Marcelo dijo:

    Lupus:
    se comprende su argumentación, pero ¿podría ser que el alimento sólido estuviera también en “otros lugares”?. Un crítico al que nos referíamos en la entrada anterior; A. Faretta, sostiene la tesis de que la narrativa fantástica y otros subgéneros son el medio de hacer teología para “el hombre de la multitud”, “el de la movilización total liberal” del siglo XX-XXI.

    “Por eso el mismo Bloy magistral escritor de ensayos y hasta panfletos por lo general falla cuando intenta pasar al modo poético – narrativo. Porque no es el estilo asertivo el que conviene al mundo religioso una vez puesta en marcha la movilización total liberal sino lo dicho por Kierkegaard: “La idea más desastrosa es que la elocuencia haya llegado a ser el medio para la proclamación del cristianismo. El sarcasmo, la ironía y el humor quedan mucho más cerca de lo existencial cristiano” (1849).
    (…) Claro que parte de esa ironía y ese sarcasmo lo forman sobre todo o se traducen más contemporáneamente a nosotros en los modos fantásticos contemporáneos privilegiados. Así el modo fantástico, el thriller, el melodrama y la clase B.
    ¿Usted quiere hacer teología, pero no de gabinete ni jugar a la batalla naval con los padres de la Iglesia -algunos de los cuales duermen el sueño de los justos en polvorientas bibliotecas-, quiere sobre todo que esa teología y esa metafísica sean operativas y no juego o devaneo vano?. Haga “El príncipe de las tinieblas” o “Sobreviven”. Como en su momento “Usher” o “Gordom Pym”. Estas son la teología y la metafísica acordes y posibles a la etapa de la movilización total”.

    (El príncipe de las tinieblas y Sobreviven son películas de John Carpenter).

    Si esto es así, esos “modos fantásticos privilegiados” pasan a tener su importancia como vehículos de una cosmovisión religiosa, máxime para los que, como seguramente todos o casi los lectores de este blog, tenemos una que creemos la única vera (y fíjese que Faretta hasta incluye al “clase B”).

    ¿Qué piensa ud. de esta teoría? (que, aclaro, el autor sustenta con varios argumentos desperigados en su extensa obra, yo me limité a copiar un par de párrafos), es razonable, es digna de análisis, es un delirio?.

  8. El Viajante dijo:

    Marcelo,

    Entiendo que sería mejor que quien responda a su cuestión sea Lupus y no yo pero ¡que va! Estoy de local aquí, por lo que amago algo.

    Lo de Faretta suena bien, gusta, agrada, da ganas de “que sea verdad”. Al igual que su teoría del cine, esbozada en “El Concepto del Cine” y en muchos artículos de “Espíritu de Simetría”. Tendrá que disculparme si le digo que escribe (Faretta) con una prosa más desprolija que la mía, más cercana a la de Halperín Donghi que a la suya, que es más que agradable.

    No me cierra, no me termina de gustar, en función de ciertos axiomas que, para poder seguir la lógica fareteana, deben ser aceptados a priori, particularmente la idea de que el cine es esencialmente norteamericano (la cual acepto), y que es, exáctamente, dixie, sureño. El cine, en Faretta, es la expresión profunda del sur vencido, tesis agradable, gustable, pero que no cuaja sino aceptando montones y montones de excepciones que confirmarían la regla. Qué quiere que le diga…no me cierra.

    Una vez aceptada tal tesis harto discutible, hay que aceptar la absoluta independencia del cine respecto la prosa escrita y, a posteriori, y cerrando en una triada forzada de mi propia cosecha, el último elemento principal en Faretta es la cuestión política. Para el mentado señor el cine es, en el fondo, sociología práctica. El cine es la matriz, en el siglo XX, donde se desarrolla, con mayor libertad que en la propia realidad, el agón político. Esto, mi amigo, no me lo creo.

    En tal tesitura Faretta, a quien reconozco como un gran “intentador”, pretende se desarrolla “realmente” la realidad “ficcional” propia al siglo pasado y, con ello, intenta elevar lo inelevable, como el cine clase B.

    Yo que sé. No respondo puntualmente a su cuestión sino que voy contra la base fareteana del análisis. Quizás sin tino, puede ser. Pero es lo que creo.

  9. Marcelo dijo:

    Gracias Viajante por la respuesta. También me parece que no cierran del todo varias ideas de Faretta, vgr. la idea del cine como creación “dixie” (sureña) -por mucho que nos entusiasme.

    Pero no estoy de acuerdo con ud. respecto a lo de “aceptar la independencia del cine respecto de la letra escrita”; en esto francamente coincido con Faretta cuando desecha el cine “contenidista”, el cine que busca “dejar un mensaje” y en general es apéndice de otras artes y disciplinas: la novela, el teatro, la pintura, y peor aún, el periodismo o… la sociología. Creo dice bien F. cuando afirma algo así como “el único mensaje de las películas con mensaje es el de la absoluta falta de talento de su director”. Este cine fue típicamente el europeo: como los directores no saben por lo general narrar una historia usando el “lenguaje” cinematográfico la película termina siendo “fotos de gente que habla” (Hitchcock dixit)… y generalmente la conversación consiste largos y tediosos devaneos existenciales o pseudo filosóficos cuando no lisa y llanamente un aleccionamiento político; ¡éso sí es “sociología”!.

    Por mucho que nos disguste Hollywood, hay que reconocer que al menos en su período clásico hubo directores que sabían narrar cinematográficamente y en muchos, tras una película diríamos “popular” hay detrás una cosmovisión clara que el que sepa mirar, verá. En algún lugar F. cita al libro 2do. del Convivio dantesco, en que el florentino gibelino dice, con los escolásticos, que toda obra tiene 4 niveles de interpretación: literal, simbólico, moral, anagógico. Cierto que esto conlleva el peligro de empezar a buscar signos y sentidos ocultos donde quizá no los haya.

    Pero si Dante lo dice…

  10. Juan dijo:

    Hace muchísimos años un amigo de San Isidro al que había ido a visitar me entregó un libro al despedirnos, y muy serio me dijo “No lo leas en el tren”. Obviamente no le hice caso y pasé el bochorno de viajar hasta el centro riendo a carcajadas mientras leía Three men in a Boat. La gente me miraba con suma desaprobación. Ahora, muchos lustros pasados, caigo en que seguramente era un vagón donde viajaban los lectores de Voltaire. Es uno de los recuerdos más vívidos de mi adolescencia.

    Muchos saludos, y gracias.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s