En tren a Bella Vista… y a Caseros… y a Tropezón… y a Lacroze

Martes de Miércoles

“(…) todas las cosas están dispuestas según diversos grados de belleza y de nobleza, y cuanto más se acercan a Dios, más bellas y mejores las halla. He aquí por qué los cuerpos celestes son más bellos y nobles que los cuerpos inferiores, y las cosas invisibles más que las visibles”.

El Credo Comentado. Santo Tomás de Aquino

Hoy tenía ciertas cosas que hacer, importantes o, al menos, de cierta importancia. La una en Bella Vista, la otra en cualquier lado, por lo que me largué en el tren a cumplimentar las dos tareas prefijadas para éste día. Una incluía la lectura de cierto libro escrito por cierto Cardenal y traducido y prologado por cierto escritor/traductor de nuestros pagos. La otra, más pedestre, suponía dineros.

Hacía un buen tiempo que no me tomaba el tren en día de semana y este viaje, en la ida, me volvió a dar letra y me volvió a mostrar a esos personajes ferroviarios que ya empezaba a extrañar – o a olvidar -. Unos viejos mirando las vías desde un banco en la Estación Chacarita, los monstruosos piercings y los aún más monstruosos portadores de piercings, los celulares con ruido de los susodichos, las señoras con ropas feas, los viajantes con cara de sueño, los libros para mujeres que son leídos por mujeres y tratan sobre mujeres secuestradas, enamoradas, escapadas o lo que fuera con aborígenes del centro y sur de nuestro país (remedos nacionales de Corín Tellado), entre tantas cosas medio feas, feas y lindas… como el olor a tierra mezclado con árboles de Avenida Francia y el solcito con algo de frío por la misma arteria (como dicen los comentaristas de televisión). En fin, además, me hizo leer en el tren, cosa fabulosa si las hay y que no tengo que explicar a esta altura.

Como decía más arriba, me puse a leer un libro particular (o a releer) para cumplimentar una tarea particular. Ya veremos como sale (tendrán oportunidad, quién sabe, de opinar al respecto).

La vuelta, no más de cuarenta minutos luego de mi llegada, se complicó, y se complicó feo. Nos bajaron (a los viajantes, o al pasaje, o como quieran llamar a los tipos que se toman el mismo tren) intempestivamente en la fatídica Estación Caseros, frente al soviético edificio de la Municipalidad de Tres de Febrero. Pandemonium (¡qué palabra horrenda!), corridas, gente con cara de perdida, broncas, grititos tímidos de gente que gustaría de tener que ir a trabajar para llegar tarde con excusa. Colas interminables en las paradas de colectivos con numeración de tres cifras.

Me tomé un café, cortado y en jarrito (como siempre) en un bar cercano a la Estación (dos cuadras quizás) y de ahí, en otro bólido, hasta Tropezón: Línea Ex Urquiza.

El tren socialdemócrata me depositó suavemente en Lacroze y de allí, back home, en el subterráneo porteño.

Perdonen la descripción aburrida de mi aburrido percance en un más que aburrido viaje. Lo que pasa es que quería decir algunas cosas, quería poner acá algo y, aún más, quería ponerme a mí mismo en “papel” (permítaseme la licencia)  leyendo un libro de sermones que termina con uno que bien podría disponerse, a dos columnas comparativas, junto al “Cristo, ¿vuelve o no vuelve?” del cura Castellani. De eso seguro, pero recontra seguro, que voy a escribir.

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2 respuestas a En tren a Bella Vista… y a Caseros… y a Tropezón… y a Lacroze

  1. Beatrice Atherton dijo:

    Me alegra tenerlo de vuelta por estos pagos blogeros Viajante. Como dice el adagio: nulla dies sine linea, aunque sea para escribir sobre los aburridos viajes en trenes llenos de gente rara con percances incluídos. Supongo que el libro del Cardenal que lee será ese maravilloso grupito de sermones traducido por nuestro Tollers. Espero que le saque un buen provecho y se mande un excelente post. Un abrazo desde el otro lado del Aconcagua. Beatrice.

  2. El Loco dijo:

    Me había olvidado de la filiación ideológica de las líneas férreas que recorren paralelamente el NO del conurbano bonaerense. La línea Urquiza, con sus vagones coquetos, su sistema eléctrico, sin traqueteo, claramente hubiese votado a Mgr. Hollande si fuese francesa (y merecería serlo). Mientras la querida línea San Martín, con su motor diesel atronador, su sempiterno olor a mugre y su gran diversidad zoológica donde el Neocriollo de Schultze pasaría desapercibido entre los portadores de piercings y los aficionados a la música sin auriculares; la linea San Martín digo, no puede más que ser peronista o Nac&Pop.

    Toto corde

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