La Taberna de la Turba

Especulación – o no – de lunes feriado,

“There is nothing which has been yet contrived by man, by which so much happiness is produced as by a good tavern or inn”.

Samuel Johnson

Dos tipos entran a un pub alrededor de las diez de la noche sabiendo que no cerraría sino hasta las doce, doce y cuarto, puesto que el establecimiento es el único de la zona que no echa a sus clientes a las once, como en casi todo el país. Esos dos tipos, además, vienen de otros dos pubs: el primero tranquilo, perfecto para comer y tomarse una sidra caliente y el otro más jovial, más “alegrote”. Con terraza -como dicen los españoles- y calentadores para el tremendo frío y la acechante nieve que ya venía cayendo desde las nueve de la noche. El segundo pub, aunque más juvenil, también se suma a la lista de “los-que-cierran-a-las-once”, generando que, a la hora señalada, se produzca un éxodo que comienza en su puerta de entrada, pasa por unos callejones y luego, por un puente más bien famoso hasta el tercer y, teóricamente último pub, que, en un acto de compasión para con su clientela, paga lo que hay que pagar para que la última bebida se sirva a la medianoche.

Los dos tipos, digamos, fueron por esos callejoncitos, llegaron a destino y se pidieron algo de tomar. Uno un Drambuie (La Bebida que Satisface o La Bebida Amarilla, según indica la filología) y el otro una pinta de cerveza, o una botella de ginger. Da igual. Los tipos éstos, amigos entre sí, charlando de cosas y, quien sabe, quizás describiendo a los pululantes parroquianos con sus características físicas y de indumentaria con una especie de canción de cancha o de Sergio Denis adaptada y creada en el momento, se tragaron las bebidas acodados en la barra no sin mojarse los codos con el agua producto de la condensación o con cerveza caída.

Digamos que una mujer, de unos treinta pirulos, se les pone a hablar y se presenta con cartas credenciales que demostrarían cierta cultura encima. Digamos que se ponen a hablar de libros y que, en un momento de la conversación, la “chica” dice que Brideshead Revisited es su novela favorita, a lo que uno de los tipos, el de la cerveza y no el del Drambuie, le habla sobre la Gracia. La chica no entiende ni jota, acusa no haber leído más que ese libro de Evelyn Waugh y hace gestos como si pusiera interés en recordar el consejo de leer A Handful of Dust o The Loved One. La chica, que tiene puesto un vestido de noche sigue ahí, en la barra y el tipo de la cerveza se va a “hacer número uno”.

– Esto no me lo esperaba – dice, vuelto su amigo, el del Drambuie. -Yo tampoco, pero no entiende nada- responde el de la cerveza.

Digamos que los tipos se toman un tren y se vuelven a sus casas o que, por el contrario, caminan mucho, cruzan un puente y caen en otro pub, misteriosamente aún abierto y que acusa ser irlandés para charlar un ratito más entre sí, o con un amigo del momento que, aunque simpático, tampoco entiende nada de nada, como todo el mundo.

El Sanmar no se si puede llevar a estos dos tipos si dijéramos que son reales a un destino donde sucedieran tales cosas. El tren, todos los trenes, hacen maravillas.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a La Taberna de la Turba

  1. The Wanderer dijo:

    Hay que ser católico para entender a Evelyn Waugh. Si no se es, Brideshead Revisited no pasa de ser una buena novela romántica, -y así la entendieron los que hicieran la película- y, en el mejor de los casos, una alegoría del mundo moderno. El aspecto sobrenatural lo pierden, por más ingleses que sean.
    Claro, tampoco lo entiende cualquier católico. Un progre no lo entiende, y un lefe tampoco. Creo que Waugh era lefoprogresista.

    • El Viajante dijo:

      Qué Wandereriano eso que dice Caminante! Algo creo entenderle, o a donde apunta. La cosa es que, si es como Ud. dice me acabo de desayunar que soy un lefeprogresista porque, que quiere que le diga, Waugh tiene un nosequé que comparte con poquitos autores en mis lecturas.

      Se agradece la visita y se esperan más.

      PD: Le hago una confidencia: voy a tener que cambiar mi “nick” en su blog, es una cosa fea de mi parte que me siga haciendo el sota con un nombre que no es el de éste blog. El tema, amigo Wanderer, es que acá los amigos y otros tantos saben que reza mi DNI. Allí, en The Wanderer, soy un anónimo total.
      En fin, hasta luego con el anonimato. Ahora le firmaré como corresponde (bah, en realidad, como El Viajante).

  2. Demodoco dijo:

    Los trenes hacen maravillas. Transportan suenios que parecen reales. Tanto que me parecio haberlo soniado (scusi per la mancanza di enie, pero a la terra di Dante non si mette). Mi ha fatto tanto piacere leggere questo post. Ho viaggiato anche io per un secondo fuori del tempo lineare. La grazia, una cosa gratis e tante volte incomprensibile per gli altri. A presto, a noi!
    Demodoco.

  3. whiskerer dijo:

    Viajante, el Whiskerer toma como una “gracia” de su parte la frase de Johnson e inmediatamente la cuelga en su blog. Un abrazo.

  4. El Viajante dijo:

    Demódoco:Quando si torna?

    Whískerer: It´s an honor!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s