En un puñado…

Calor,

“(…) And I will show you something different from either
Your shadow at morning striding behind you
Or your shadow at evening rising to meet you;
I will show you fear in a handful of dust”.

“Y te mostraré algo diferente
de tu sombra en la mañana caminando tras de tí
o de tu sombra elevándose, en la tarde, para encontrarte;
te mostraré el miedo en un puñado de polvo”.

T.S Elliot. The Wasteland.

 

Estas vacaciones (ignoro por qué usamos el plural para “vacación”, como hacen en otros lares para navidad) me tienen alejado del teclado, o mejor dicho, de teclear, de tipear, para En tren a Bella Vista. El motivo evidente es que no ando tomando el tren a la Ciudad del Árbol con la asiduidad de los últimos dos años. Pero eso no alcanza. Estoy leyendo poco, cosa, en reglas generales, rara en vacaciones, momento en el cual uno puede leer y dormir más de la cuenta.

Hace algo así de una semana vi, por motivos que nada tienen que ver con el blog, las vías del tren y el andén de la estación Pilar, desde lejos y desde un vehículo no ferroviario. Pensé inmediatamente en el Sanmar, en Bella Vista, en los libros y en los vendedores, en la señora que dice que “sortea al derecho y al revés la Solidariaaaaa”, en el muchacho de los piercings que, aunque con cara sospechosa, tiene un aura de buen tipo, en el viejo que sufrio un infarto cerebral, en las nenitas gitanas que andan mugrientas por los vagones repartiendo papelitos y estampas.  Pensé en las primeras veces en el San Martín solo, de mañana, con mi bolsito a cuestas y los ojos alertas. Pensé en el Tren a Bella Vista.

En esa semana leí, velozmente, “Un puñado de polvo” de Evelyn Waugh, obra de su período no católico y que prefigura los personajes tan muertos, pero descriptos de forma tan viva, en Retorno a Brideshead o en el Ser Querido.  Pude ver los rostros del triste Tony Best, de su imbecil esposa, de Jock Grant-Mentzies, que imaginé con la piel morena y el pelo oscuro – y siempre de riguroso traje – y en la señora Beaver, mercachifle madre del boytoy que Brenda Best se consiguió para satisfacer, o pretender satisfacer, su berrinche estúpido de tener aventuras… de tener una aventura. Pensé en que la Inglaterra de la entreguerra, totalmente hipócrita, no se parece a nuestra Argentina hodierna que, conservando las estructuras morales de otrora, aunque invertidas, todavía se horroriza de lo que fomenta. El divorcio pactado y fríamente calculado de los protagonistas jamás se hubiera dado, o se dará, en nuestras tierras. No somos tan ceremoniosos, no somos tan “de guardar las formas”, no somos de “ese tipo de hipocresía”. Somos de la propia que es bien terrible, de más está decirlo.

No hay esperanzas en “Un puñado de polvo”. No las hay como sí en “Retorno a Brideshead”. Waugh todavía se miraba el ombligo para encontrar respuestas y soluciones finales, igual que su patria, Inglaterra, que todavía se veía como una potencia colonial. El fin de la Segunda Guerra Mundial cambió al autor y cambió la realidad inglesa, aunque una buena porción, sino casi toda Inglaterra se negó a aceptarlo. La potencia amoral más colonial del siglo XIX no se moría y Waugh se hacía católico.  ¡Que cosa!

Ahora, en el calor de enero, leo otra novela, escrita en inglés y sin traducción al criollo, que, entre tantas cosas, relaciona nuestro país y el poco más que islote inglés y sus colonias y aliados, transcurre en otro momento, mucho más cercano en el tiempo al hoy, en la Guerra de Malvinas, Conflicto del Atlántico Sur, o como quieran decirle. Promete.

Ya diré de ella, una vez terminada, algunas cosas. Seguro la recomendaré porque me tiene prendado. Mientras tanto escribo esto y pienso en que nuestra hipocresía es de otra clase, de otro tipo y que Waugh salió corriendo hacia el lado correcto. Ahora y aquí no es tan fácil pegarla con la dirección.

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11 respuestas a En un puñado…

  1. Ludovicus dijo:

    Es una buena novela, aunque tiene un defecto mortal en las peores obras de Waugh – no Brideshead por supuesto. No se puede ser tan cruel con los personajes. Por ejemplo, la reacción de la madre cuando le comunican la muerte de su hijo, es demasiado, dementemente mala. Madame Bovary es descuidada con su hija, pero ésta es una completa perra. Too much. Igualmente, el viejo mestizo que obliga al protagonista a leerle infinitamente a Dickens muestrs un abismo de egoismo en la misma línea. Y le hace leer a Dickens, nada menos, el hombre más compasivo con sus personajes que alento en la Pérfida. Es maldad en estado puro, egoista y necia como la de la mujer.
    No sé, es como que el odio al género humano no condice con la tradición de Occidente ni con las novelas. Todo autor tiene la obligacion no de mejorar a los personajes, pero sí de entenderlos y compadecerlos. Pienso en Shakespeare máximamente, en Stevenson…
    Tengo miedo de que la lógica Waugh -o Thatcher- se fusione con la lógica K y terminemos en otra galtierada. Conmigo no cuenten,

    • Interesante observación la de Ludovicus. Aunque no creo que al Waugh joven haya que tomarlo demasiado en serio, cuando ni siquiera él lo hacía.

      Sus obras de esta etapa son una representación (decadente, si gustan) del humor inglés de la época, mezcla de ironía, ridiculización y humor negro, cargado (sí, es cierto) de desesperanza y nihilismo.

      En cuanto crítica inteligente de una high society en decadencia, creo que la prosa de Waugh es (quizá) insuperable. (Pensemos que estamos hablando de una época –donde el Reino Unido aún era “el imperio”– donde esa clase dirigente era el modelo en el que se reflejaba toda una sociedad. No sólo en Inglaterra, sino en todo el mundo. Como bien observaba Scalabrini Ortiz, hasta el último empleado irlandés del ferrocarril en la Argentina se creía un gran lord inglés e imitaba los valores, las poses, los prejuicios y las costumbres de esa clase social.)

  2. Ludovicus dijo:

    Mi juicio era puramente literario, salvo el último párrafo, que era político y que apunta a hacer una advertencia que di en otros blogs.
    Seguramente la sátira puede justificar la desmesura -la etimologia algo nos dice- y hasta cierto punto la crueldad. Pero en Seres Queridos y en Un Puñado de Polvo la cueldad y lo que llamo falta de compasión con los personajes llega al límite. Comparar con el tratamiento que Shakespeare da a Shylock. Imposible retratar un personaje más mezquino y al mismo tiempo suscitar esa enorme ola de compasión que se siente por él al final de la obra. En fin, uno querria lidiar.con ingleses como el autor de La Tempestad o con Newman antes que vérselas con Cameron o con Paul Johnson.
    En cuanto a la guerrita en ciernes, paso. Los dos gobiernos quieren bailar el tango, los aprestos bélicos son funcionales a ambos. Inglaterra impulsa el sólito ajuste thatcheriano con su pléyade de indignados: necesita darle una válvula de escape al chauvinismo imperial. Y los K…¿Hace falta explicarlo? Ya escucho los bramidos del a antropoide bolivariano, la “solidaridad continental”, la acusación de cipayos a la oposición, la “union sagrada”, supremo recurso masónico para consolidar la revolucion desde la época del Comité de Salud…
    No cuenten conmigo, sea una drole de guerre o una guerrita o el hundimiento de un pesquero.

    • Bah, Ludovicus. No se preocupe. No creo que este “conflicto” llegue demasiado lejos.

      Todo esto no es más que un show para la gilada K tipo 6-7-8 que aún cree que el gobierno de Cristina es algo más que Alí Babá y los 40 ladrones.

  3. Ludovicus dijo:

    No crea. Estas cosas tienen vida propia. Ademas, nada mejor para consolidar un proceso revolucionario que el patriotismo.
    Ojalá tenga razón y todo quede en jarabe de pico timerdiano.
    Toto corde

    • Es cierto, el “patriotismo” es el típico escape para encauzar las revoluciones.

      Pero me cuesta horrores imaginar a los K llamando a rebato: “Aux armes, citoyens. Formez vos bataillons. Marchons, marchons!”, o convocando a una “levée en masse”…

      ¿Cristina “quiero ser Evita pero no me sale”? ¿Boudou “el Péndex” o “el Muñeco”? ¿Aníbal Fernández “el Bocón”? ¿Moreno “el Pistolero” y sus karatekas? ¿Máximo K “el Inútil”, con su mente consumida de tanta droga? ¿Garré “la ex Montonera a sueldo de ONGs inglesas”?

      Sería material para una buena película cómico-paródica…

  4. El Viajante dijo:

    Esperemos que no pase de eso Ludovicus. Algo al respecto, aunque hablando en reglas generales y no sobre Malvinas, le dije a Tollers en la entrevista que me hizo hace unos meses.

    Respecto Waugh, es una novela inmediatamente posterior a su divorcio. Todavía frescos los recuerdos de Oxford. no creo que solo haya servido (todo eso) de escenario, sino que el propio “estado mental” del autor se nota en toda la obra.

    La elección de Dickens como autor preferido del mestizo (a la fuerza, pues jamás había escucho/leído nada más) es un toque magnífico de esa ironía tan propio de Waugh… y tan fina.

    Ahora, morfándome las páginas de la novela esa que comenté, esa escrita en inglés (pero, tendré que agregar, en Argentina), encuentro familiaridades tan potentes que, posiblemente, lleven el futuro comentario del libro a comparaciones imposibles de evitar con el autor de que me ocupa y, naturalmente, con alguno que otro más. Las Malvinas están, allí, en el Atlántico, y en la novela, prestas a volver a aparecer en este blog.

  5. Ludovicus dijo:

    Espero el.comentario con ansia, estimado.
    Bueno, eso que dice de Waugh más bien es una acusación contra el, ¿no? Porque el que tiene que hacer la catharsis no es el autor sino el lector. No creo que sea cortés ni de buena literstura tirarle a la cara del lector un pedazo de bosta.
    En cualquier caso, la novela es muy buena. Esta observación que le hago le cabe máxime a la ultima que leí de Muriel Spark, Vagando con Intención (traducida en la última edicion espantosamente como La Intromisión, cuando bastaba con un Merodeando). Gran novelista, pero muy cruel con los personajes. Le gustaba mucho a Waugh.

  6. Ludovicus dijo:

    Bueno, no tengo que pedirle nada menos que al Coronel Kurtz que no subestime el poder de la estupidez, verdadero corazón de las tinieblas. Abrazo.

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