Macpherson se busca

Creo que jueves, y con una ventolina tremebunda,

What makes heroic strife
famed afar, famed afar?

Ye jacobites by name. Tradicional

Hace un tiempo ya puse aquí algunas cosas acerca de Borges Profesor, libro de reciente edición que sacaron dos muchachos forzudos – como se nota en la solapa que imprimió Emecé – que recopila las clases dictadas por Georgie en su época como profesor de Literatura Inglesa y Norteamericana (hoy divididas en dos materias diferentes) en la Universidad de Buenos Aires. El texto es una excelente vía de acceso para argentinos a las letras inglesas que, además de merecer gran ponderación en su contenido, es muy didáctico, como dicen ahora los profesores de historia, literatura u otras humanidades y que yo no se bien que significa pero que uso igual. La crítica al método del “Borges profesor” que se me ocurre es que sigue el orden cronológico tradicional (si mal no recuerdo, haciendo un salto atrás con Blake desde Wordsworth y los románticos debido a la imposibilidad de catalogar en un movimiento al loco grabadista), que quizás podría ser evitado, como el mismo Borges considera describiendo el índice de no se que libro, si se va desde los autores más modernos hacia atrás para que el estudiante que seguramente domina mejor a los autores más cercanos a él mismo en el tiempo, se vaya adentrando en los textos antiguos – y más complicados – de forma gradual. Esta solución “didáctico-pedagógica” puede ser un gran puente para sortear el abismo que significó la latinización de las lenguas de las islas británicas a partir de la invasión normanda de 1066. Pienso que para nosotros que como latinos de cultura entendemos mejor las “palabras dificiles “del inglés (osea, las latinas) se podría partir desde Shakespeare hacia atrás, hacia el anglosajón antiguo y, una vez terminado el periplo, de vuelta para ésta parte hasta llegar a los escritores del siglo XX. Pienso que Graham Greene podría ser un buen punto final, considerando que el tipo vivió en Corrientes.

La cosa es que todo eso que escribí más arriba surgieron de las memorias (recientes, lógico) que me quedan de la lectura del tomo en cuestión el año pasado en los vagones del San Martín, generalmente por la mañana bien temprano, con Bella Vista como destino. Ahora, a un pilón de kilómetros de distancia, tanta que ningún ferrocarril nacional siquiera se anima a equiparar, pretendo decir algunas cosas acerca de un poeta escocés que conocía de nombre pero que no habría leído si ho hubiera caído en mis manos ese curso borgeano: MacPherson.

James Macpherson generó una de las primeras controversias “modernas” en torno a la rigurosidad de las traducciones y aún más, la veracidad de las fuentes literarias. Entre 1760 y 1763, éste ignoto y joven director de escuela publicó diversos fragmentos de origen supuestamente gaélico en su traducción inglesa de baladas y leyendas escocesas que habría colectado en sucesivas recorridas por los highlands de Escocia. De los textos publicados el que sin duda alguna logró una popularidad inmediata – e influyó por demás en distantes lugares como la Córcega natal de Napoleón, que tenía un ejemplar en italiano, o la Alemania de Goethe – fue el “Fingal”, poema épico atribuído (por Macpherson) al bardo del siglo tercero de nuestra era Ossian, figura legendaria si las hay en esos brumosos parajes.

El joven Macpherson tuvo la mala suerte de que su obra fuera analizada y ponderada por el espástico, lleno de tics, hiper ególatra del Dr. Johnson, hombre fuerte de las letras de su siglo, que la destrozó junto a la reputación del “recopilador”. Johnson directamente acusó al escocés (el tipo odiaba a los escoceses) de falsario e inició una campaña que presionó por los originales en original lengua. Nunca aparecieron si se obvia el libro publicado en 1811 (ya muerto el escocés acusado) que no contiene sino traducciones muy básicas hechas por el propio Macpherson desde el inglés al gaélico (como acusa Robert Huntington Fletcher en su manual A History of English Literature).

Guste o no a Johnson, el Fingal y el Temora, de entre sus obras traducidas o producidas, influyeron poderosamente en el mundillo de las letras en las postrimerías de la aparición del romanticismo que por una parte tomó esas imágenes, esos paisajes, esas descripciones tan prerománticas de Macpherson y por otra se despegó del primer supuesto “arqueólogo literario” (no supuesto primer, puesto que luego, y hasta hoy, siguieron apareciendo e inundando los anaqueles libros de charlatanes de feria). Sin ir más lejos, Swinburne tilda a la obra de Macpherson de “lank and lamentable counterfeit of poetry”, algo así como una “chata y lamentable falsificación de poesía”. Para peores, el pobre Macpherson también tuvo que aguantarse los embates de los poetas irlandeses (de su época y posteriores) que lo acusaron de “buscar inspiración” en su isla.

En fin, he aquí el periplo traductoril/poético/falsario de James Macpherson o Seumas Mac a’ Phearsain en gaélico. Si robó o no robó, si fue un poeta “inspirado” en antiguas tradiciones o si, lisa y llanamente inventó todo, igualmente logró fundar una tradición literaria que elevó un pueblo chiquito (demográfica e históricamente) gracias a su Eneida escocesa y su Virgilio escocés, Ossián. Macpherson influyó no solo en los románticos (llamenme de cualquier forma, pero no me llamen romántico, como decía Carl Schmitt) sino en el revival político, literario y musical que ramificó hasta bien entrado el siglo XX. Acá nos vendría bien un Macpherson, ¿Qué cree Ud?.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

17 respuestas a Macpherson se busca

  1. Demódoco dijo:

    comparto con el deseo de un Macpherson. un mito fundante hace falta. ( si existe en estos lares, no lo concí aún). Tolkien mismo pretendio crear (sub-crear), dar vida a un mito para su England. Me viene a la mente aquellas disgresiones, tiempo ha, sobre nuestro Martín Fierro y la resucitación que de el hizo el Gran Poeta solariego, Lugones. Es nuestro, si (el de José Hernanadez). Pero es el lamento de la Argentina fenecida frente a la triunfante… ¿extranjerización?. no es un mito. no es fundante. Estan las Musas, llorando su destierro…
    “…al menos así lo veo yo”.
    pd: algún amigo mío hubiese integrado con gusto las huestes de Bonnie Prince Charles…salud!

  2. Marcelo dijo:

    Viajante: un tema polémico (enhorabuena).
    Si el mito es “la representación imaginativa de una verdad” (Chesterton), bien podría el Martín Fierro ser nuestro mito fundante. Acierta Demodoco sobre Lugones, aunque quizá más que resucitar al poema lo instauró; las clases cultas hasta ese momento no lo tenían muy en cuenta. Vea esta cita del notable ensayo “El gaucho Martín Fierro” de Unamuno (de 1894, destaco la fecha): “Hoy que se concede atención a tantos artefactos literarios, ¿sería mucho pedir de los cultos que volvieran sus ojos a un poema popular, rudo, incorrecto, tosco y español hasta los tuétanos?”.

    Ahora bien, Castellani, gran admirador del poema, en San Agustín y nosotros dice: “Un inglés para ser culto necesita entender a Shakespeare, lo cual exige ir para atrás, hundirse en el camino de la historia y de la poesía, es decir, “tradicionarse”; pero además de eso hay otras muchas cosas, por ejemplo casual, guardar silencio en los hospitales. Yo lo sé porque he estado enfermo en Londres. Aquí siempre estoy enfermo, pero por suerte no necesito ir a un hospital argentino; digo, como enfermo. Algún día quizá tendré que ir, que Dios me dé paciencia. Hay un ser humano que está agonizando en este cuarto, un enfermo que no ha dormido en el otro, y en todas partes seres que sufren; y las enfermeras andan jaraneando y a las carcajadas por los corredores, los médicos y practicantes se encuentran con grandes exclamaciones y se palmotean, los visitantes andan como en la plaza pública. No nombro ningún hospital, pero sé que eso ocurre. Pues bien, eso es incultura y de la peor especie: es, perdónenme la palabra, salvajismo. Creo que los indios guaraníes no veían así a sus enfermos; los veían de otra manera, en virtud del sentido de lo sacro, que aún existía en ellos. Hay que revivificar la tradición de los indios guaraníes. Los griegos paganos veneraban a los que sufrían, porque veían en ellos la mano de los dioses: ésa es una tradición de la Humanidad. Cultura es el esfuerzo por vivir una tradición”.

    ¿Será en todo caso que tenemos el mito que nuestra maltrecha tradición nos permite?

    Pero además está el Santos Vega de Obligado. Vea esta cita de la investigadora Lía Uriarte Rebaudi: “Evoca Obligado, en su poema, a un payador mítico, admirado desde fines del siglo XVIII en toda la pampa argentina y desarrolla implícitamente la cosmovisión del gaucho de base antropológica, integrada por polaridades acerca del bien y el mal, la vida y la muerte, la libertad y la opresión, la patria y el opresor”; y esta otra sobre un tema específico: “Entre otras tantas referencias acerca de la luz, importa destacar tres: la que se refiere a una manera de ordenar el caos en el Génesis; la que recuerda que en las sacralidades judaicas refleja la gloria de Dios; la que identifica a la luz con Dios mismo en el Evangelio de San Juan”.

    “Es propio del mito, pues, dar sentido al Universo” (G. Gusdorf, “Mito y metafísica”). ¿No será entonces un tanto injusto andar buscando Macphersons cuando, por lo visto, tenemos, precarios, humildes, pero tenemos nuestros mitos?.

  3. Marcelo dijo:

    Otrosí digo:
    ¿y qué hay del cine, el gran lenguaje narrativo del siglo XX, medio privilegiado en manos de veros artistas para difundir el mito? Borges lo vio claro: “Y ya que estamos hablando de la épica, querría recordar, de paso, algo que sin duda ya he recordado, y es que en un tiempo en el cual los poetas habían olvidado su origen épico, y, por qué no, su deber de ser épicos, Holliwood se encargó, para el mundo, de ese deber. Y ahora el Oeste -el Far West- está en todas partes del mundo, ya que en todas partes del mundo, el mito -ya podemos llamarlo mito- de la llanura y del jinete, el mito del cowboy, se verifica. En todas partes del mundo hay gente que está saliendo de un cinematógrafo (…) pero salen del Oeste. Y no del Oeste tal como es, sino del Oeste mítico: del Oeste del cowboy”.

    En un notable western de John Ford, El hombre que mató a Liberty Valance, hacia el final un periodista joven, que después de indagar en un hecho que se volvió mítico descubre que había sucedido de otro modo y dudaba sobre publicar la verdad y por tanto derrumbar el mito, pregunta al editor del diario (periodista viejo y experimentado) qué debe hacer; y éste, en frase memorable que cito de memoria, responde algo así: “Esto es el Oeste: entre la verdad y la leyenda, publica la leyenda”. Toda una definición sobre la importancia del mito para los pueblos.

    Y ya que estamos: este años se estrenó Aballay, el hombre sin miedo, película argentina basada en un cuento notable de Antonio di Benedetto (http://www.loscuentos.net/cuentos/link/288/28831/). Transcurre en el siglo XIX en el Norte argentino y sus protagonistas son gauchos, pero los especialistas la consideran, en cuanto al género, un … western.

    ¿Cuánto se hubiese podido hacer entre nosotros, de contar con los medios materiales (¡e intelectuales, quizá lo más difícil!), para, desde el cine, apuntalar el mito del gaucho?. En fin, otra pregunta polémica (y todo ésto sin olvidar que Castellani consideraba a la del cowboy una mitología berreta).

  4. JMS dijo:

    Nuestro mito fundante es el Martin Fierro: la historia de un fracaso.

    Borges estaria de acuerdo con eso.

  5. El Viajante dijo:

    Marcelo,

    Te hago una pregunta sin ánimo de desafío alguno: ¿con qué argumento decís que el Martín Fierro podría ser nuestra mito fundante? No tiene elemento metafísico alguno, no responde al “ONCE UPON A TIME, IN ILLO TEMPORE, ÉRASE UNA VEZ, etc”, no se afianzó la “argentinidad” en él, no explica ni indica orígenes de la nación argentina, no pretende hacerlo tampoco, creo yo. Te insto a defender tal cosa para aprender y para, además, sacarte otro de esos comentarios tuyos que son mejores que los posteos míos.

  6. Marcelo dijo:

    Viajante: gracias por el final del comentario, pero es un exceso de modestia eso de tus posteos; además, no pretendo enseñar nada (y dudo que pueda hacerlo siendo apenas un aficionado en estas lides).
    Esto aclarado, intentaré decir algo a tus inquietudes. Lo primero, la antigua discusión sobre la definición de mito; depende de qué entiende uno por mito para reconocer en el M. F. (y en otra narrativa gauchesca) un contenido digamos mitológico; las teorías, como sabemos, son múltiples y hasta algunos llegan a afirmar que lo racional es el mito y lo “irracional” sería el logos.

    Para no extendernos entonces conviene citar a dos entendidos contemporáneos: según Eliade el mito “narra un acontecimiento que tuvo lugar en el tiempo primordial, el tiempo fabuloso del principio”; bien, yo prefiero la afirmación de Elliot, que seguramente se ajusta más al tiempo del Logos cristiano: “porque en definitiva la función del arte, al imponer a la realidad ordinaria un orden creíble, provocando así la percepción de un orden “en” la realidad, consisten en llevarnos a la serenidad, la calma y la reconciliación, y en dejarnos después, como dejó Virgilio a Dante, para que prosigamos rumbo a esa región donde el guía ya no puede servirnos” (T. S. Elliot, Poesía y drama). ¿No podría ser el poema de Hernández el que nos permita percibir ese orden “en” la realidad que sea punto de partida? Drieu La Rochelle definió a Borges la pampa como “vértigo horizontal”: ¿no es la llanura nuestro espacio mítico que Hernández, probablemente sin ser consciente de los alcances de su afán, describió de un modo fundacional?.

    En cuanto a que no tiene elemento metafísico alguno, cito a D. G. Teobaldi: “Así, Marechal rescata el valor del Martín Fierro por configurarse como una obra representativa del ser nacional y por encarnar la voz de su pueblo. Al tratarse de una realización popular, asume el carácter de tradicional. Este aspecto había sido puesto de manifiesto por Lugones en El payador, quien, como Marechal, lo vincula a la épica occidental: “El Martín Fierro es, como las epopeyas clásicas, el canto de gesta de un pueblo, es decir, el relato de sus hechos notables cumplidos en la manifestación de su propio ser y en el logro de su destino histórico.” Y otra: “Cuando Lugones asociaba el temple de Martín Fierro al temperamento de Hércules, el esforzado semidiós de los doce trabajos, establecía que una función arquetípica estaba sustentando el espíritu del gaucho, anunciando que los argentinos estábamos hechos de esa madera y que debíamos despertar de una especie de letargo que nos hacía dar las espaldas a esa realidad. Marechal, por su parte, profundiza lo arquetípico lugoniano y a esa misma categoría le asigna un grado metafísico: Martín Fierro es el ente nacional, es la encarnadura del ser argentino.”

    ¡Pero incluso uno que deambuló por el marxismo vio elementos metafísicos en Fierro! (fijate acá: http://www.folkloretradiciones.com.ar/_literatura/la_cosmogonia_gaucha.pdf).

    Respecto a que no explicaría los orígenes de la argentinidad: “Hacia el final de su ensayo El “Martín Fierro” , Borges se ocupa de la controversia que el poema ha desencadenado entre los críticos: “En el capítulo anterior he recopilado algunos juicios críticos. Una simplificación simbólica podría reducirlos a dos: el de Lugones, para quien el Martín Fierro es una epopeya de los orígenes argentinos; el de Calixto Oyuela, para quien el poema sólo registra un caso individual: ÔJusticiero y libertador´ es la definición del protagonista que ha estampado Lugones, Ôhombre con visible declinación hacia el tipo moreiresco de gaucho malo, agresivo, matón y peleador con la policía´, la que Oyuela prefiere. ¿Cómo resolver el debate? […] En la controversia que acabo de resumir, se confunde la virtud estética del poema con la virtud moral del protagonista, y se quiere que aquélla dependa de ésta.” (de un artículo de F. Sorrentino, “Forajido sentimental”). Sin duda es polémico; que cada uno tome posición, pero, qué querés que te diga… yo recurriría preferentemente a Lugones (¡y a Disandro sobre Lugones!).

    En fin, es muchísimo lo que se podría citar. Pero sigo en otro otrosí porque cambio otra vez de medio.

  7. Marcelo dijo:

    Otro otrosí:
    y recurro de nuevo al cinematógrafo y al yanqui/irlandés Ford, que alguna vez dijo de sí: “soy un campesino y estoy orgulloso de serlo” (alguien que se define de ese modo bien puede ser nuestro amigo, aunque se trate de un católico que devino liberaloide por influencia, cuándo no, del medio hollywodense).
    Pues bien, en el western The searchers, (que aquí se conoce como Más corazón que odio; adviértase en el título original la alusión a la busca, tema básico de la épica), el protagonista es un cowboy desencantado, marginal, con tintes racistas, que se lanza a la busca de su sobrina cautiva por los indios. Al final de la película la puerta de la familia de su hermano se cierra quizá definitivamente para él, que se pierde caminando hacia la llanura: el lugar del héroe no es el hogar, sino el desierto en donde se refugia el mito (este mito de los orígenes norteamericanos).

    Se me ocurrió citarlo porque, insisto, el cine puede ser un medio privilegiado para quien sepa recurrir al símbolo y los mitos.

    Viajante: no sé si lo que escribí te fue útil, en todo caso me conformo con haber aportado algo a la discusión.

  8. El Viajante dijo:

    Marcelo,

    Siguiendo su uso del vocabulario tribunalero le diré que el exhorto que le envié retornó con más datos de los esperados, más cavilaciones, más interrogantes y con un interés renovado en estos temas. Le cuento que cuando leí “El payador” de Lugones me quedé con dos pensamientos que puedo resumir en: 1) Una obra maestra 2) Querría convencerme de que es verdad. Verdad en sentid mítico (en la definición chestertoniana que proveíste en anterior comentario). No me convencí. Fui a Disandro (al “Lugones” del erudito cordobés) y seguí igual. En el fondo lo que quería, lo que buscaba, fue que el mundo del M.F opere en la historia y por lo tanto en mí y en el hoy de forma coherente, armónica y aceptable como verdad.

    Ransom, protagonista de la Trilogía Cósmica (como la llaman) de CS LEWIS dice por ahí en el segundo de los libros, Perelandra, que entendió, que creyó, que supo que hubo un tiempo en que “los sátiros bailaban en el norte de Italia” (cito de memoria). A eso me refería con el MacPherson, se busca.

    Dyson y Tolkien dieron el puntapié inicial de la conversión de Lewis (aunque, como el mismo Lewis indica en su autobiografía, fue El Hombre Eterno de Chesterton el motor fundamental de su vuelta a ese cristianismo berreta que abrazó, aunque con poderosa y envidiable fe mi queridísimo escritor irlandés) en una larga charla en los patios de Oxford. Tolkien dió su mejor estocada al decirle que el cristianismo es un mito más, exactamente igual a los demás pero que, a diferencia de los otros, SUCEDIÓ EXACTAMENTE ASÍ (la Vida, Pasión, Muerte y Resurreccción de Jesucristo, claro está). No es que pido eso para nuestra poesía fundante pues es exclusivo de la fe de Cristo. Lo que me sucede es que (al igual que con los westerns norteamericanos) veo en al MF y a otros poemas gauchescos como símbolos de la nación de la pampa, (nohotro´), pero no como sus epopeyas fundantes. En el caso norteamericano tengo un ejemplo que quizás ayude a entender lo que puse en la oración anterior. Me produce el mismo “efecto” (si vale tal cosa) ver western como los que nombraste que leer Estudio en Escarlata de Arthur C. Doyle (novela primera, cronológicamente, acerca de la vida y andanzas de Sherlock Holmes) en la que se describe la vida de los mormones yankees del siglo XIX de forma magistral.

    Estados Unidos está en esos westerns, en los cuentos rurales o urbanos de Washington irving, en En la Carretera de Kerouac, en Orson Welles, etc). Nosotros en el M.F y en tantisimas cosas. Lo que no encuentro es una Eneida, un Cantar de Rolando, un Mío Cid, un Fingal, etc. No encuentro Ilíada y no encuentro Odisea, Anàbasis (Jenofonte) hay muchas.

    Redacción pésima, ya se, pero es tarde y esta computadora no es la mía (y tiene un teclado horrendamente pequeño). La sigo luego. No se que dirás, espero respuestas entonces!

  9. Marcelo dijo:

    Viajante:
    no es por ser pesimista, pero si no te convencieron Lugones ni Disandro, ¡difícilmente pueda hacerlo yo!. En fin, que estos temas no pertenecen a las ciencias exactas y son opinables, y por tanto se aplica la sentencia agustiniana: “en lo dogmático unidad, en lo opinable tolerancia, en todo la caridad”.

    Ahora bien, pregunto: ¿no habrá un deseo un poco ingenuo de buscar demasiadas certezas en el relato mítico, de querer encontrar algo que no necesariamente lo mítico otorga?. No sé si corresponde a la cuestión, pero me acordé de una anécdota sobre la poeta A. Pizarnik (nunca la leí): contaba alguien cercano a ella que admiraba los cafés parisinos de la bohemia de las primeras décadas del s. XX y se forjó una cierta imagen de ellos; un día cumplió su sueñó, viajó a París y entró abruptamente a uno donde paraban esos escritores “míticos” para ella… para desencantarse de modo igualmente abrupto al encontrarse con algo totalmente distinto a lo esperado.

    Además, creo un poema fundacional de la estatura del Cantar de Roland o el Cid sólo podría haber sido escrito por un español del Imperio, cuando en lo histórico y político se estaba más cerca en cuanto al “ambiente” de lo épico-fundacional; por eso decía en el primer comentario que tal vez el M. F. sea “lo máximo” que nuestra maltrecha tradición nos permite en cuanto a una instauración mítica, y eso lo habría visto Lugones claramente. Porque, es doloroso decirlo porque no es la versión de la historia que preferiríamos, pero es probable que nuestra Nación haya visto la luz grandemente influida por los coletazos del 1789 francés (¿y qué “nivel” de lo mitológico puede permitirse un país que adviene a la historia como un coletazo del iluminismo?).

    Una cita con otras citas en relación a la relación historia-mito: “Todo cambio histórico crea su mitología, la cual no está, sin embargo, sino indirectamente relacionada con el hecho inicial.” Esto que Malinowski denomina “relación indirecta” de la mitología con los hechos históricos, se debe a que -esta vez según Eliade-, de alguna manera el mito “se apodera” de la historia y la deforma, tornándola mítica. Como ya apuntamos antes, el pensamiento mítico despersonaliza la historia y a la par la homogeneiza; esta homogeneización está relacionada con el hecho de que “la memoria popular aplica una articulación y una interpretación completamente análogas a los acontecimientos y a los personajes históricos”. Esto es, se da una despersonalización de los personajes históricos, en virtud de que tales personajes pasan a representar en el imaginario colectivo, no a ellos mismos, sino a sus circunstancias -las cuales son consideradas como arquetípicas-).
    “El recuerdo de un acontecimiento histórico o de un personaje auténtico no subsiste más de dos o tres siglos en la memoria popular.”
    “La memoria colectiva es ahistórica (…). El recuerdo de los acontecimientos históricos y de los personajes auténticos es modificado al cabo de dos o tres siglos, a fin de que pueda entrar en el molde de la mentalidad arcaica, que no puede aceptar lo individual y sólo conserva lo ejemplar.” (tomado de Corrientes interpretativas de los mitos, J. A. Pastor Cruz).

    Volviendo a la cuestión de si no se espera demasiado de lo mítico, puede que suceda que aunque uno sea religioso y practicante y sepa que en la Encarnación se resolvió todo mito, la desacralización extrema del ambiente nos lleve a desesperar un poco; pero, decía Holderlin (y lo citaba Heidegger): “allí donde crece el peligro, crece también lo que salva”. Recordemos pues que aunque nuestro medio pueda parecernos desolador, cada domingo se sigue produciendo el milagro sublime de la Transubstanciación, regalo divino que nunca apreciaremos bastante.

    Una más: quizá debiéramos leer o releer seriamente la enrevesada prosa de Vico, dicen los eruditos que en su Scienza nuova anidan joyas aún por descubrir sobre la cuestión del mito (entre varias otras caras a la forma mentis tradicatólica).

  10. Baldr dijo:

    Para una tradición hace falta un pueblo, y en la argentina no lo tenemos. Tenemos indios por un lado, criollos por el otro, algunas islitas de alemanes y polacos; y todo al rededor italianos y gallegos.
    Comer gniocchi el 29 de cada mes ¿es tradición argentina? La respuesta depende del argentino a quien le preguntes.

  11. El Viajante dijo:

    Marcelo,

    Quizás fui demasiado rápido; no es que “no me convencieron “, sino que termino creyendo en Disandro, en Lugones, en Castellani (que también entraría), mas no en José Hernández. Quizás porque mi patria chiquita está lejos de las pampas de soldados de frontera e indios ranqueles, quizás porque mi segunda patria chiquita es la nefasta Buenos Aires, puerto de tenderos que, paradógicamente, da la espalda al mar (como dicen los uruguayos al río) en un intento, quien dice, de rememorar el pasado trinitario por sobre lo portuario (del que habla en ese libro recontra forzado, pero interesante, Pepe Rosa: “Porteños Ricos y Trinitarios Pobres” o algo así).

    Hablé de Macpherson porque Escocia es de las naciones menos “propias”, menos exclusivas, menos ad intra de Europa. Scotto no significaba más que “irlandés” , los Stuart son más reyes de Inglaterra que de su genética Escocia, su lengua fue aún más olvidada que en Irlanda (pensá que los irlandeses ni siquiera conocían el gaélico cuando el revival nacionalista que llevó a la independencia final de la República. Prueba de ello es la redacción independentista llena de errores). ¡En lo literario ni que hablar! Borges (en varias oportunidades y/o libros) insiste en que Edimburgo era una ciudad de letras, mayor a Londres, pero no se lo creo. Me parece que no es más que su procalvinismo infantil (entre Ginebra y Edimburgo juntas no se hace una Paris, una Londres o una Florencia, mal que le pese). Los literatos escoceses son apéndices de la literatura inglesa. Nosotros somos algo parecido, pero de España.

    Fijate que Unamuno dice del Martín Fierro que no es más que una prolongación de lo castellano en las américas y más allá va Américo Castro (ya se, ya se, el tipo es polémico) en el el Origen, ser y existir de los españoles diciendo directamente que es la castilla medieval toda junta en la pampa. Ahora que lo pienso, creo que está en otro libro que sacó sobre la lingüística rioplatense.

    La pregunta es entonces ¿Martín Fierro o Morte?

    Baldr,

    Usté me hizo acordar a eso de Anzoátegui de que “Sarmiento trajo tres plagas: los italianos, los gorriones y las maestras normales”. Yo creo, mal que le pese a Ud. y al genial Ignacio Braulio, que sin la inmigración masiva esto sería más o menos como Colombia. Y a mí Colombia no me gusta.
    Yo los 29, igualmente, no como ñoquis (acá les decimos ñoquis y no gnocci como los llaman los italianos de Italia y los restaurantes con ínfulas de Palemo). Me encanta el asado, los mariscos y, muy de vez en cuando, los ravioles de ricota (con una sola t).

    Pueblo no se si tenemos mi amigo, lo que se es que hay como 40 millones de tipos que viven acá y que el problema es saber que diantres es ese “acá”.

    Se agradece.

  12. Baldr dijo:

    No era mi intención denostar la inmigración, lo mismo puede decirse de otros elentos culturales “originarios”. Por ejemplo, la pacha mama y la vidala: son muy importantes en algunos lugares, e inexistentes en otros. En zonas de corrientes la lengua madre es el guaraní. Etc.

    Todavía se nota que somos un rejunte de cosas distintas, y nos faltan varios siglos para llegar a una cohesión como la tiene una nación europea.

  13. El Viajante dijo:

    Baldr,

    De su comentario solo puede decir “¿donde firmo?” Coincido sin duda alguna.

  14. Marcelo dijo:

    Baldr:
    ¿a qué se refiere con “una cohesión como la que tiene la nación europea”?. Hay países europeos cuya composición es de lo más diversa: vea las diferencias entre norte y sur en Italia (¡en el norte hasta se llegó a hablar de una “República Padana”!); Francia, hasta hace unos cien años o un poco más era un conglomerado de regiones en que ni siquiera la lengua predominaba (después empezaría la centralización y uniformización); y así creo alguien más ilustrado podría seguir dando ejemplos. Pero esto no es novedoso, y tampoco fue algo negativo porque lo que caracteriza la catolicidad es el IMPERIO: unidad en la diversidad (como en eco de ésto Joseantonio definía su idea de España como “unidad de destino en lo universal”).

    Pero eso no es todo: hoy parece estar cumpliéndose el “solve et coagula” con que insistía Disandro que buscaría la emulsión de sus pueblos, para consolidar la global invasión. Fíjese que según las noticias de gente del palo ya hay barrios de las afueras de París en que rige la sharia; o, en Inglaterra, más del 50 % de la población ya corresponde a descendientes de sus antiguas colonias, muchos de los cuales no se asimilan al medio. Suponiendo que esa cohesión de la que ud. habla existiera, parece estar cayéndose a pedazos. Bueno, a menos que entendamos cosas distintas cuando hablamos de cohesión, si es así disculpe el comentario.

    • Baldr dijo:

      Marcelo, entiendo su punto; creo que diferimos en lo que consideramos como “nación”. España, ¿es una nación? ¿Y los vascos, qué son? En verdad es un término muy impreciso. Pero a lo que me refiero es a esto: naciones como Hungría o Polonia mantuvieron sus características durante largos siglos, aún siendo dominados por otros países. Hungría fue una gran potencia, después lo perdió todo al punto que el 40% de todos los húngaros pasaron a vivir bajo la soberanía de otro estado. Polonia desapareció del mapa en varias oportunidades. Pero en las familias que componían a esa nación siempre quedó grabado San Esteban, o Mieszko Piast. (retomando lo del mito fundacional del post)
      En Europa puede haber rivalidad entre provincias, pero el “nosotros” nacional siempre prevalecía ante los extranjeros. En cambio yo varias veces oí a alguien decir “tengo más en común con un francés o un español que con un santiagueño”. Una afirmación muy desafortunada.

      Italia es un caso muy particular, porque durante siglos estuvo dividida. Las élites siempre tuvieron una vaga idea de “Italia”, pero no se concretaba. Dante cantó en un florentino arcaizado mezclándole palabras de muchos otros dialectos, para ir más allá de Toscana. Maquiavelo cierra su librito con un ruego a todos los príncipes para que alguien “se ponga las pilas” y vaya a reunificar la península. La unión política efectiva no se dió hasta 1871, y no fue sino hasta la llegada de la televisión que finalmente todos los italianos supieron hablar un idioma que se entendiera en la totalidad del territorio. Italia fue unificada por la voluntad de sus gobernantes. Quizá no les salió del todo bien: los napolitanos siguen hablando su dialecto, y la Lega Nord quiere separarse. Pero si el dialecto lombardo y el friuliano eran ininteligibles entre sí, hoy un friuliano y un lombardo conforman un “nosotros” mucho más unido que antes.

      En Italia, o en Francia los intelectuales eligieron un prototipo nacional y lo fueron imponiendo a lo largo del país. De ahí viene la obligación de usar la lengua oficial, los “feriados nacionales” etc. La Argentina tiene una población muy heretogénea, pero no hay un prototipo de “argentino”, salvo lo gauchesco. Es lo que intentaba decir en el otro comentario: no podemos decir si es más argentino el pato o el fútbol. A cualquier polaco le preguntás qué música es típica de su país: la polka. Quizá no la baile más nadie, pero todos la aceptan como su tradición. Acá no, uno te va a decir que es la chacarera, otro el cuarteto, otro la cumbia y otro el tango. Hace falta con urgencia un Macpherson que nos invente un mito fundacional, pero también hace falta homogeneizarnos. Los bohemios y moravos tardaron 450 años en hacerce checos, nosotros apenas llevamos 200 tratando de ser argentinos.

      Con respecto a lo que pasa en Europa, la cohesión efectivamente se está cayendo a pedazos. Dijo Merlek: “La multiculturalidad ha fracasado absolutamente”(http://www.youtube.com/watch?v=yDyMTDpxCvQ). Los partidos anti-inmigratorios ganan terreno: en Suiza ya están primeros, en Finlandia segundos, etc.

  15. El Viajante dijo:

    Marcelo,

    Me cuelgo de tus preguntas a Baldr que esperan respuesta para meterme en el tema de la inmigración masiva que recibe Europa occidental. Considero que esa mayoría de entre los “del palo”, como decís, que se regodean de las impresionantes cifras de inmigrantes en Francia, España, Italia y aún diría Alemania e Inglaterra, cometen el pecado de ideologizar, como hace la izquierda tarada que no no aprobaría un examen de “Política Real I” si acaso existiera una materia así.

    Argumentos del estilo de “que se jodan, ellos fueron a África antes, a Oceanía, a América”, son tan endebles que ni siquiera habría que responderlos (menos desde nuestra América que ya tiene suficientes dilemas propios como para preocuparnos, exclusivamente, de los europeos). Pero la cosa no se queda ahí, pues de fondo no hay una crítica a la cuestión demográfica; ni siquiera a lo económico: el ataque es a Occidente (y, por lo tanto, a Europa) como civilización y como usina civilizadora. Ni que hablar cuando, ipso facto, se pasa de atacar a los antiinmigrantes de las uropas a hacer panegíricos del Islam. Sea por la vía de la “autodeterminación”, sea por la de la contraposición con enemigos mutuos, sea la peor de todas, defender una religión oscura, terrible, anticristiana.

    El ataque a Europa, y el gozo por la invasión de árabes, marroquíes, entre otros, no es más que el ataque a occidente y lo fue, lo que es, o lo que queda de él. Nuestro espacio espiritual es el occidental tanto como lo es para un francés, español, italiano o belga: el asedio, entonces, también es aquí, en las Pampas vacías no será tan difícil, quizás por eso nos dejan para el último. Y pensar que desde nuestras tribunas vitorean a los jugadores del otro equipo…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s