Newman, Juan Enrique

Tapa de un libro que pretende indicar que Vladimir Soloviev era,

en realidad, el Chacho Peñaloza.

Creo que si comento algo sobre el Cardenal John Henry Newman podré librarme, al menos de forma temporal, del virus que me se me ha pegado y que me prohíbe escribir sobre algo más que literatura inglesa. Sería como un Tract 89.

Aclaro que como aún no leo en el tren por motivos vacacionales, lo comentado será en base a mis lecturas en la cama, en el sillón blanco del living o en cafés varios. Dicho lo dicho, vuelvo al tema.

De Newman leí solo un libro completo (La Iglesia de los Padres) y un muy buen número de cosas sueltas (artículos, sermones, “textos indeterminables”, etc). Incluyo claramente en la lista de “sermones varios” a los “Cuatro Sermones Sobre el Anticristo” o como salen en mi edición en inglés: “Advent Sermons on the Antichrist”. Se por una biografía famosa, y por la constante insistencia del traductor de la versión en criollo que poseo, que Newman predicó estos sermones en Inglaterra (famosa fotito del cardenal Sentado en una especie de confesionario ) y en Francia, donde agregó algunos párrafos con el fin de concluir su argumento en algún caso, o para hacer mayor hincapié sobre la Revolución Francesa, en otro.

 Es interesante que muchos señalan a estos cuatro sermones sobre el Anticristo como el puntapié inicial para muchos autores para escribir sobre el Anticristo. Señalan siempre a los mismos: Leonardo Castellani, Robert Benson, Vladimir Soloviov, entre otros).

Lo de Benson sonaría ser posible. Después de todo era inglés, converso y posterior a Newman, pero niego la influencia. Lo de Soloviov (lo pongo así, con “o” y no con “e”, de purista nomás aunque él mismo transliteraba su apellido como Soloviev) lo dudo muchísimo (y pasaré a decir por que) y lo de Castellani también considero falso.

Newman se convirtió al catolicismo después de redactar sus cuatro sermones pero, como es sabido, dedicó años de su vida, ya en la Iglesia Romana, a realizar correcciones a sus obras del período anglicano adaptándolas a la doctrina de la Iglesia. Benson hizo lo propio en 1903, ordenándose sacerdote católico al año (recordemos, para los que gustan de las minucias, y no tan minucias, de la historia de la Iglesia, que León XIII declaró nula la sucesión apostólica en la Iglesia de Inglaterra, obligando a los conversos a la reordenación sub conditione…pero basta! que estoy muy clerical hoy).

A diferencia de Newman, que hizo todo lo posible para “justificar” la existencia del anglicanismo con la loca teoría de las Ramas (si, LOCA TEORÍA!) que indica que la Iglesia se encuentra en una situación de cisma interno que la dividió en tres ramas (una Romana, otra “Oriental” y otra anglicana…como si los ingleses no fueran latinos! Pff!) hasta que, como era un tipo honesto, se convirtió nomás, Benson creyó siempre que eran válidas, como vías de salvación, las iglesias protestantes aunque en la Romana estaba, en un todo, la Fe Cristiana. Eso del subsistit in del Vaticano II, todo contenido en Benson.

La cosa es que Benson era, como Newman en su juventud, un tipo venido de los mundillos raros del evangelismo, y del mas raro, del inglés. El tema es que el amigo Roberto Hugo Benson en su “Señor del Mundo” (que tradujo Castellani al criollo porque la traducción prexistente era una bazofia) está en total consonancia con las doctrinas adventistas y evangelistas acerca del Fin de los Tiempos menos en una sola cosa: el “Rapto” (en el “bonus”, la yapa, de este artículo viene una mano para entender el tema). Newman, profundamente anglocatólico  al momento de escribir sus sermones, rechaza ya con furia (en sus Tracts de la época se nota claramente) toda doctrina evangelista.

Así que bueno: Benson no fue influído por el Cardenal Newman para escribir su obra porque “Señor del Mundo” es un libro típicamente evangelista, de la pluma de un autor recientemente converso (es de 1908, cinco años luego), hijo de un arzobispo anglicano fuertemente influído por el evangelismo y que sostiene que las demás “denominaciones cristianas” (como dicen los curas con cara seráficas esos que pululan por el orbe) son válidas, entre ellas, y principalmente (obvioooously!) el evangelismo-anglicano. A Newman se le hubiera volado el peluquín si hubiera leído varios de los párrafos de la obra en cuestión (y si, usaba peluquín nomás).

Pasemos a Soloviov. el “Breve Relato Sobre el Anticristo” me voló a mí la cabeza cuando lo leí a mis dieciocho años, cuando andaba por la calle Rodriguez Peña con libros bajo el brazo. Cuando aprendí a leer caminando entre la gente y que no me pisen los autos. Antes de tomar el tren a Bella Vista. Antes de mi propia conversión al sanmartinismo más recalcitrante.

Ya se pone más facil la cosa, a Dios gracias, porque el amigo ruso falleció en 1900 (año de la muerte de Nietzsche), es decir, cada vez menos tiempo posible para que lea a Newman. Segunda cuestión: el ruso no lo cita en ninguna parte de la obra donde se encuentra, Three Conversations, que redactó y publicó un año antes de su muerte (el mismo en el que nació Borges, dicho sea de paso). En el relato del ruso la Iglesia Romana, la Católica y la Protestante (protestante posta! no anglicana, que es una versión a la argentina de una reforma herética) están representadas claramente en sendos personajes. De nuevo no hay anglicanos del tipo “High-Church”, ni anglicanos comunes. Protestantes y listo.

Pasemos al Padre Castellani. Acá la cosa se embarulla porque el cura se leyó todo (como dice él, con un tufo algo pedante, en la entrevista que le hizo el barbudo Pablo J. Hernández, cuando aclara que “se leyo “la literatura inglesa”, “la literatura francesa”, “la literatura española”, con el artículo la, como si hubiera leído TODO), porque hace parafrasis de Soloviov, porque cita a Newman y porque tradujo a Benson.

El cura Leonardo, igualmente, dice en varias oportunidades que sus fuentes al respecto no pasan por Londres, ni por Oxford ni por la Torre de los Ingleses de Retiro. El padre Castellani nombra al Bartolomé Holzhauser, a San Agustín, a San Jerónimo, a muchos otros y particularmente al sacerdote chileno Manuel Lacunza (ese que en una entrevista que está en youtube el español Miguel Ayuso llama “el Español nacido en Chile Manuel Lacunza”, porque todavía tiene tirria por no poder vacacionar en Frutillar, Mar del Plata, Punta del Este, Cancún u otra playa otrora integrante del Imperio Español) que escribió una obra que todos los que somos castelanianos (guste o no a quien lea) conocemos porque tiene un título gancho, porque la tarasca para editarlo la puso Manuel Belgrano, porque podemos distinguir milenarismo carnal de milenarismo espiritual, porque, porque, porque): “La Venida del Mesías en Gloria y Majestad”.

El Padre Leonardo dedicó gran parte de su vida a escribir, estudiar y volver a escribir sobre el Apocalipsis, no me meteré en el tema sino solo para indicar, como vengo haciendo, que Newman no fue sino (y como máximo) una influencia menor en su obra.

En fin. Se que esto estuvo confuso y no pienso corregir nada. Aclaro que lo de Castellani leyendo “toda” tal o cual literatura me lo indicó otra persona y que no es de mi cosecha personal, que no voy a traducir lo que iba a traducir y subir como “ayuda” al tema y que hay que leer mucho mucho al Cardenal Newman.

Al final hablé de ingleses pero pude meterme en rusos y en argentinos.

Gracias Newman!

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4 respuestas a Newman, Juan Enrique

  1. Interesante.

    No soy experto pero si no me acuerdo mal, en el “Apokalypsis…” o en “Cristo vuelve o no vuelve”, ¿Castellani no hace referencia expresa a Newman?

    Por otro lado, Ud. que va a Bella Vista seguido quizá pueda chequear, pero ¿el biógrafo de C. no dice en algún lado que el Padre estuvo encerrado no sé cuánto tiempo en la Biblioteca Británica estudiando toda la obra de Newman?

    • Errata. Quise decir “referencia expresa a Newman al hablar del Anticristo”.

      • El Viajante dijo:

        Coronel,

        Sabe que Ud. tiene razón respecto el Padre Castellani y la lectura compulsiva de Newman. De hecho, creo que ese biógrafo, al cual Ud. hace referencia y al cual debemos el socotroco verde que sacó vortice en su debido momento y que, al menos en mi caso, me “fumé” casi literalmente como si fuera un librillo de 80 páginas aunque tiene 10 veces eso, dice algo así como que es lo que hizo casi exclusivamente al pisar tierras británicas.
        Lo de las referencias, claro, fíjese que no las niego, el cura, insisto, “se leyó todo”, lo que quiero decir es que no influyó John H. Newman en la exégesis del cura. Diría yo que Benson, con su evangelismo, fue más determinante en la percepción castelaniana de la Revelación (o desenvelación).

        Se agradece.

        PD: En la próxima voy a hablar de esa biografía.

  2. Disculpe pero recién veo su respuesta que, por supuesto, agradezco.

    Si no recuerdo mal (y mi memoria suele fallar), C. no se refiere a que fue influido por Newman en la exégesis de *todo* el Apocalipsis, sino en cuanto a los rasgos del Anticristo, que será semejante a Cristo y todo lo demás. Una idea que no veo en Benson cuyo Juliano Felsenburg (personaje también remotamente presente en Su Majestad Dulcinea) se parece más a Juliano el Apóstata, Napoleón, etc.

    Espero con ansias, entonces, su próxima entrada.

    Gracias por mantener viva la blogósfera (horrible palabra pero no se me ocurre otra ahora) argentina del palo ahora que Ens desapareció y que Wanderer se toma sus “vacaciones” anuales.

    Saludos

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