Medio julio sin San Martín

Día de semana:

“Notting Hill, Notting Hill!”

The Napoleon of Notting Hill. G.K. Chesterton

El San Martín sigue allí, pululando entre Retiro y José C. Paz de menos, y hasta Pilar, de más. Sigue allí seguramente con sus tardanzas, cancelaciones y vendedores de chipá. No se suben, eso sí, los niños de William Morris temprano a la mañana para ir a sus colegios de Bella Vista o San Miguel. Ellos duermen por la mañana, con frío, cerquita de los tiros balanceados del conurbano, extrañando las clases aunque sin ganas de volver.

Yo, por mi parte, no me tomo el tren ni me lo tomaré por varios días hasta que agosto irrumpa quebrando el equilibrio falso de que julio es la mitad del año (siendo el séptimo mes, eso no es verdad) e indicándome que hay que volver al yugo diario. Igual hará con los niños de Morris, alejándolos de las estufas e introduciéndolos en bólido de metal celeste que por módicos mango y pico los dejarán, como a mí, de nuevo y por la mañana en la estación de Bella Vista, del lado de los trenes que llegan (porque nosotros llegamos), del de la panchería nueva que nunca tiene clientes, del lado donde paran los taxistas, del lado del boletero flaquito que insiste en pedirme el mío (ida y vuelta) para constatar, como cada día, que no me colé en el tren y que garpé, como es inevitable, en Palermo mi boleto.

Un amigo mío, lector de En tren a Bella Vista, me indicó en un correo electrónico algo largo, que “ya está con eso de decir como está el clima, de decir si llueve, si está húmedo o si hay sol, de contar como es el tren. Dedicate a la crítica literaria y listo”. Tiene quizás razón, pero seguiré, de vez en cuando al menos, hablando de los vendedores de Carilina (Papel Tissue) y de cds truchos con canciones de Ricardo Montaner.

Hay profundísimos motivos para seguir haciéndolo y pasaré a indicarlos.

Dije una vez que el San Martín es un bólido metálico viviente (el verbo en continuo) y que esa vida dependía de los viajantes (o como se decía antaño: del pasaje). Entre esos viajantes están los vendedores que son, sustancialmente (al estilo tomista), diferentes a los del Ferrocarril Urquiza, el tren socialdemócrata como me dijo alguien alguna vez. No hay San Martín sin el chipacero de la mañana querido Luis.  Otros motivos, más personales, menos sociológicos intervienen (v.g, estilo literario, voluntad por llenar renglones, temario reducido entre otros).

Habiendo dicho lo dicho, diré algunas cosillas nomás sobre un libro que me “gustó a la fuerza” cuando lo leí por primera vez a mis dieciocho años y que me maravilló hace unos días: El Napoleón de Notting Hill (ya se, siempre Chesterton. A joderse si molesta, hay muchos otros blogs disponibles para leer).

Primero lo primero: es una novela y es, si mi memoria no falla, la primera que el el gordo inglés escribió. Y aquí la cuestión: “Las obras de Chesterton en su período no católico”.

No se por que pero me gustan más, me alegran más los libros de G.K.C en su precatolicismo. Que jodido si se considera que debería, por una estúpida lógica imperante, gustar más de los que escribió hasta su muerte, ya bajo la Santa Madre Iglesia Romana. No es éste el único caso, The Everlasting Man (El Hombre Eterno como tradujo Alfonso Reyes “pa’ lo’ pibe’) es de sus ensayos más celebrados por este viajante ferroviario anónimo e intrascendente: también de su precatolicismo.

No pretendo disminuir las obras católicas de Chesterton (ni nada que se le parezca) pero si indicar que, misteriosamente prefiero al gordo buscador y no al que ya encontró. Y mire Ud. que no soy un agnóstico ni un protestante ni un miembro de la High Church de ningún lado, yo “ya llegué” a donde hay que llegar (?).

Esta cuestión (las obras precristianas de autores cristianos) no se aplicá igual a todos. Solo con ojear “Spirits in Bondage” de C.S Lewis (que habría que traducir al criollo porque no pesan derechos de autor sobre la obra) se notará que es una tremebunda bazofia que no vale su peso en papel higiénico. Nadie prefiguraría Narnia, ni al Dr. Ransom ni Sorprendido por la Alegría, ni nada (solo esos criticos rimbombantes que con el partido terminado, con el diario del lunes, dicen cosas grandilocuentes sobre autores muertos). No jodamos.

Con Chesterton es diferente. El Napoleón de Notting Hill, defendiendo su “ciudad” (Londres está dividida en ciudades), defendiendo sus tradiciones (reales las unas, recientemente inventadas las otras) y finalmente muriendo, a sabiendas de que la causa dejó de ser justa para tornarse en lo contrario, manifiesta ese patriotismo inglés en el que revistó Gilbert Keith (véase su posición ante la guerra anglo-boer).

Acá, en la Patria nuestra, nos cuesta muchísimo defender tradiciones por un lado, y mantener el bando, la trinchera, cuando las cosas son menos claras. Chesterton, el no católico, la tuvo muy clara. Nosotros, “que ya llegamos”, no creo.

No se que dirá Ud.

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4 respuestas a Medio julio sin San Martín

  1. Discúlpeme, pero esa división de la obra literaria (ficción) de Chesterton en un antes y un después que hacen Borges, Martin Gardiner, Lewis, etc. –siempre aclarando que la de post-conversión sale desabrida (para ellos)–, no me convence. No es más que un lugar común que por muy repetido que sea no se convierte en cierto.

    ¿Leyó “El retorno de Don Quijote”? ¿No ve nada de “El Napoleón…” o de “La taberna errante” en este libro?

    ¿O “Cuatro felones sin tacha”? ¿No nota nada similar a “El club de los negocios raros” o “El hombre que fue jueves”?

    ¿No percibe nada en “Las paradojas de Mr. Pond” (póstumo) que le haga recordar a “El hombre que sabía demasiado”?

    • El Viajante dijo:

      Coronel,

      A todo lo que pregunta le digo: CLARO QUE SI.

      Si lee más abajo me leerá diciendo, palabras más, palabras menos,, lo mismo (especialmente respecto de Borges).

      En lo que respecta a la Taberna Errante (Me gusta más la disandrada de “La Hostería Volante”), más que particularmente. Una de 1904 (El N. de N. H) y la otra del treinta y cuatro o algo así (hay que mirar, perdón). Lo del hombre que fue jueves y el club de los negocios raros.. no. No le encuentro lo que Ud busca más allá de los giros y lo vertiginoso del relato.
      De cualquier manera, es coherente que Chesterton sea muy parecido a Chesterton, en última instancia, es la misma persona.

      Lo de la división pre y post conversión bueno, como le dije, se lo acepto y como dije antes, pienso igual que Ud como puede ver en otros posteos anteriores, la división que hice recién recién (quizás poco feliz para paladares finos) fue a solo efecto de distinguir al que busca y al que ya llegó. Podría aplicársele a Borges eso de Dolina de que no leyó más a Chesteron por miedo a convencerse, Lewis, mal que me pese, también en menor medida sin duda alguna. Lo de Gardiner no me lo pegue che que no es más que “sociología de la religión”! Yo me la creo!

      Fíjese en LEPANTO, que es del quince, siete años antes a su conversión formal (si acaso se puede hablar de una “conversión formal” en Chesterton o en quien fuera). Ahí está la búsqueda a la que me refiero y , además, si me apura, va emparentada con la novela que nos ocupa por el otro costado.

      No se, digo.

      • OK, pensé que la división que estaba haciendo era más tajante. De acuerdo, sino.

        Respecto a “The flying inn”, la traducción más exacta sería “La taberna fugitiva”. (A riesgo de quedar como un pedante, tengo que reiterar que las malas traducciones de Chesterton son todo un problema…)

        En cuanto a “Lepanto”, no me haga trampa que eso es poesía… y tal vez, la mejor de Chesterton. Aunque “La Reina de las siete espadas” o “La tumba de Arturo” no son malas.

      • El Viajante dijo:

        Eso de “Fugitiva”… no me cierra, que quiere que le diga Coronel. Pero bueno, se lo concedo por educado y por su evidente sapiencia.
        Lo de las traducciones ni hablar! todavía me acuerdo de de que las cabras no habían conseguido su Plutarco” en “La Guerra de los Dioses y los Demonios” en El Hombre Eterno. Le comento que la primera lectura la hice en castellano, de la edición de Porrua. Está bien, me dirá Ud que es berreta, que ni siquiera la hizo Alfonso Reyes, está bien, es verdad, pero bueno, solo le comento.
        Ahora me acuerdo también de “doce volúmenes “in folio” que maravilla! hay que ponerle palabras al gordo palabrero…

        Y si, con Lepanto lo corrí como pude, es poesía, ya se. Pero es Chesterton también que quiere que le haga.

        Se agradece.

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