En tren a Bella Vista: …and back

Frío gris londinense en Buenos Aires:


 ‘”Would to God that all the Lord’s people were Prophets” Numbers XI.

“Quiera Dios que todo el pueblo del Señor fueran profetas”. Números XI.

A un día de volver en tren a Bella Vista, como siempre, como si no hubiera habido intermezzo alguno, como si el viaje hacia el noroeste fuera fatal en su inevitabilidad me puse a pensar en Carl Schmitt, en Edmund Burke y en Inglaterra. Lo último es obvio por motivos personales, lo segundo también si se considera que anduve por esos temas ayer a la noche. Lo primero, lo de Schmitt, ligado a mis menesteres bellavistenses hace unos meses, tiene sentido si se lee Tierra y Mar, el librillo que le dedicó a su hija Anima, traductora al castellano, a la postre, de la obra de su padre.

También pensé en William Blake y su “and did those feet in ancient time..” o “Jerusalem”, poema introductorio de “Milton, a poem” que, con música de Sir Hubert Parry se transformó rápidamente, a comienzos del siglo pasado en el himno no oficial de Inglaterra. De esa mezcla, de esas “palabras fuerza” (frase idiota usada por idiotas para parecer innovadores semánticos) que serían: Burke, Schmitt, Blake e Inglaterra, salieron las pistas para esta entrega de En Tren a Bella Vista.

No tengo la intención de describir, con todos sus pormenores y minucias, la tesis del filósofo del derecho alemán en torno al territorio y al nomos del orbe. Con una distinción -algo crasa tendré que reconocer- entre la tierra y el mar en tanto que categorías metapolíticas alcanzaría. Schmitt separa a los pueblos terrestres (Roma como arquetipo utilizado por el autor, Alemania como ejemplo moderno que prefiere obviar explícitamente) de los acuáticos, distinguidos, a su vez, entre costero-marítimos (Cartago, Venecia, entre otros) y oceánicos (Inglaterra). Lo marítimo-oceánico, ligado al comercio, a la divisa, a la movilidad, lo terrestre, abrazado a la tierra, fundado sobre ella, sobre su cultivo y su modificación manual, fundar ciudades y conservar las ya fundadas, como decía hace más de 2000 años el cónsul Cicerón.

Si preferí citar a Cicerón y sus Disputaciones Tusculanas para definir lo terrestre (No hay nada que acerca más al numen de los dioses que fundar ciudades y conservar las ya fundadas), Benjamín Disraeli haría lo propio para con Inglaterra que, al decir de Schmitt, dejó de ser una isla y se tornó, cuando fue un imperio, en una nave, en un barco surcando el océano. De allí el ministro de la Reina Victoria dirá que sería bueno al Imperio trasladar su capital de Londres a la India.

Todo esto muy bien, lo comparto y lo cito públicamente cuando es menester pero hoy pensé  (y ayer) en Burke y en Blake y noté la insistente referencia a la tierra en la literatura política y no política de Inglaterra. Lo burkeano lo dejo para el lector, lo blakeano lo expongo a continuación.

Corría el siglo dieciocho y, como continuación y oda al puritanísimo Milton, mi muy admirado William Blake escribía, cual himno, los versos de su poema “Jerusalem”, también llamado “…and did those feet in ancient time” por sus primeras palabras, a la vieja usanza. En entregas anteriores me referí a Jerusalem aunque ahora, en línea con lo que acabo de plantear, lo pego traducido de forma completa al criollo. Espero sus opiniones.

Los dejo con Blake sabiendo que mañana, inevitablemente, estaré a la mañana, con muchísimo frío, en tren a Bella Vista.

And did those feet in ancient time.
Walk upon England’s mountains green:
And was the holy Lamb of God,
On Englands pleasant pastures seen!

And did the Countenance Divine,
Shine forth upon our clouded hills?
And was Jerusalem builded here,
Among these dark Satanic Mills?

Bring me my Bow of burning gold;
Bring me my Arrows of desire:
Bring me my Spear: O clouds unfold!
Bring me my Chariot of fire!

I will not cease from Mental Fight,
Nor shall my Sword sleep in my hand:
Till we have built Jerusalem,
In Englands green & pleasant Land.

Versión Castellana de su servidor

Y esos pies en tiempos antiguos

caminaron sobre las verdes montañas de Inglaterra:

Y fue el sagrado Cordero de Dios,

visto en las plácidas praderas de Inglaterra!

¿Y brilló el Divino Rostro sobre nuestras nubladas colinas?

Y fue Jerusalén construida aquí, entre estas Máquinas Satánicas?

¡Traeme mi Arco, de ardiente oro;

Tráeme mis Flechas de deseo:

Tráeme mi Lanza: O nubes, despliéguense!

Traeme mi Carro de fuego!

No cesaré en la Lucha Mental

Ni dormirá en mi mano mi Espada:

Hasta que hayamos construido Jerusalén,

En las tierras verdes y amables de Inglaterra.

P.S: Sleep, dormir en la lengua de Shakespeare, también podría traducirse por patinarse, deslizarse, resbalarse, si se sigue la grafía correcta, SLIP. William Blake no era muy afecto a la ortografía por lo que me permito esta posiblidad aún, cuando la preposición in (en) sea correcta en sleep como dormir y no como caer porque, además de sus problemas ortográficos, el místico poeta y dibujante inventaba cada giro que te la voglio dire!

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2 respuestas a En tren a Bella Vista: …and back

  1. Antonella dijo:

    gracias por la traducción, Blake es muy bueno!

    te dejo estos cuatro versos que atesoro hace bastante:

    Quien a sí encadenare una alegría
    malogrará la vida alada.
    Pero quien la alegría besare en su aleteo
    vive en el alba de la eternidad.

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