Otros trenes

Domingo gris, madrugada de lunes más gris:

Tomaré mañana lunes el San Martín, el rápido de las siete menos diez. Mi destino será, como es de esperar, Bella Vista. Llegaré casi a las siete y media, si el tren quiere, y podré abordar un taxi color blanco en la estación, junto a la fuente, en la parada de este/el otro lado de la vía.

Solo tres taxistas de esa parada me llevaron alguna vez y ,en general, el del corsa blanco (todos los autos son blancos allí) me comentará que los remises truchos no deberían parar en Senador Morón. Todas las mañanas que tomo su bólido Chevrolet me dice lo mismo: los remiseros truchos no pagan impuestos, no tienen autos buenos, son feos, si los chocás nadie te paga puesto que no tienen seguro y termina, misteriosamente, acusando al poder político local de complicidad, conjunto con loar las obras de mejoramiento urbano realizadas por el mismo poder político. El otro tachero, el del segundo auto, solo insulta a los peatones y demás conductores. El último no habla.

Cuando tome el San Martín mañana por la mañana (u hoy, técnicamente hablando) será la última vez que lo haga por varios días ya que cambiaré sus vagones por otros menesteres y por otros vagones, de otros trenes con otros destinos. No es una traición, sería demasiado considerarlo así, es simplemente un lapsus, un tiempo corto, entre rápido y rápido, entre mañana fría y mañana fría de Palermo. No me tomaré el Sarmiento o el Roca u otro tren local. Hacerlo si sería tremendo, traicionero y hasta cruel. El enorme gordo pelado que oficia de guarda estará tranquilo junto al jovencísimo vendedor de chipas (que pronuncia chipa, grave, y no chipá, aguda) al que nadie le compra.

Mañana seguiré leyendo a Belloc en la traducción de Vórtice de “El Campo de Batalla”. Espero que siga atrapándome (que verbo horrendo) como hasta ahora puesto que, si no lo hace, mis recomendaciones a amigos de que deben leerlo caerían en el oscuro mote de “estúpidas”. Quien sabe.

Bella Vista me verá seguramente en la heladería mientras apure los últimos menesteres para ese lapsus. Bella Vista es muy demandante y no deja que me vaya, aunque sean solo algunos días, tranquilo. Desde la Ciudad del Árbol se digitan las actividades que realizo los fines de semana en Buenos Aires por lo que, si me ausentaré de sus calles, impondrá, como lo hace, con toda fuerza, obligaciones a cumplimentar en orden de que ese lapsus pueda realizarse. Nada es gratis, ni siquiera en Bella Vista.

Quizás describa, como Belloc, lo recorrido durante el lapso. Quizás con lujo en los detalles, al igual que en el primer capítulo del libro nombrado llegando a aburrir a un hipotético y potencial lector (como me aburrió a mi Hilaire, lo reconozco). Quizás nunca escriba nada.

Uso muchos quizás últimamente. Quizás haya mucho de condicional en mis meses. Quizás la propia Bella Vista y el mismísimo San Martín sean eso, condicionales.

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