II. 8. En tren a Bella Vista: Buenos Aires 48

Martes:


En el tren, en unos de los días de la semana pasada – no recuerdo cual ni interesa – leí la parte que me quedaba de “España y Otros Mundos” de Vintila Horia.

El libro me costó míseros cuatro pesos en una librería cercana a mi casa. Cuatro mangos por la primera (y única, por lo que pude averiguar) edición de este libro recopilatorio del fabuloso escritor rumano.

La cosa es que me leí casi todo el libro salteando la sección “Ciudades Secretas”, por lo que me quedaba para el tren esa parte y un poco de “Espectros de Hoy de Mañana”. Leí el primer artículo, el segundo…tercero cuarto, quinto y sexto, y llegué a “Buenos Aires 48”. Vintila Horia hablaría sobre Buenos Aires.

Estoy tentado de transcribir el texto completo del artículo y que mis lectores (pocos, mas fieles) tengan la experiencia directa del autor. No lo voy a hacer porque acabo de recordar que éste es un blog sobre viajar en tren a Bella Vista, un blog sobre leer en el tren, un blog sobre mí. No sobre Vintila Horia. Igualmente paso a comentar el artículo de marras.

Más allá de las descripciones que Horia realiza sobre Buenos Aires, produciendo una sonrisa casi inmediata al leer sobre su pensión en la calle Billinghurst o sus referencias a Belgrano R o Palermo (Vintila Horia caminó las calles que caminé…), creo que lo jugoso son dos cosas:

Primeramente que Buenos Aires le fue un calvario dulce. Calvario por lo complicado de su situación económica inicial, obligándolo a conchabarse en un banco y luego en una compañia exportadora, dulce porque recuperó poco a poco su biblioteca, porque pudo dictar clases de literatura rumana, porque volvió a ser lo que era: un intelectual.

Vintila Horia visitaba las residencias del Barrio Norte – como él mismo narra – como el fabuloso profesor extranjero vistiendo su smoking (que poseía por su pasado diplomático) y acompañado de su emperifollada señora esposa. Vintila Horia volvía, a pie, en la oscuridad de la década del cuarenta, a sus aposentos llenos de humedad del Palermo inmigrante donde vivía. Nadie pensó en sus penurias económicas. Nadie pensó que el profesor rumano se ganaba la vida operando una máquina de calcular por horas para juntar unos mangos. Buenos Aires publicaba en sus periódicos que el distinguido ex diplomático e intelectual Profesor Vintila Horia dictaría un curso sobre Ovidio mientras que el inmigrante se ganaba el mango haciendo liquidaciones contables.

Al tiempo Vintila Horia volvió a Europa y Buenos Aires vio llegar a los anaqueles de las librerías “Dios ha Nacido en el Exilio”: éxito en ventas.

Jerome Carcopino en su “El Exilio de Ovidio, poeta neopitagórico” afirma que el poeta tuvo que retirarse a Tomis, actual Rumania, escapando de la ortodoxia pagana imperial de Roma. Afirmando tal cosa el historiador francés refrenda la tesis de la novela exitosísima que Vintila Horia dedicó a la vida del poeta exiliado, como él mismo indica en alguno de los artículos de “España y Otros Mundos”.

Buenos Aires no pudo ser el Tomis de Vintila aunque podría haberlo sido. Palermo podría haber sido Tomis.

Hoy me tomé el tren a Palermo, un falso rápido que decidió parar en todas las estaciones tardando más de lo habitual debido a los accidentes que se produjeron en las vías. Palermo me recibió con su Puente Pacífico donde me tomé el colectivo final a mi casa. Pasé por Santa Fe y Billinghurst leyendo las últimas páginas de “El Escándalo del Padre Brown”, de G.K Chesterton pero el cartel que indica la calle me arrancó del Londres del Cura Brown y me llevó, sin escalas, a pensar en Vintila Horia y en su Palermo de la década del cuarenta.

Que diferente es todo.

 

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2 respuestas a II. 8. En tren a Bella Vista: Buenos Aires 48

  1. Demodoco dijo:

    Por un isntante compartimos con Vintila su vida porteña; el barrio que transitamos, las calles, la apariencia y el yugo laboris indiferente para nos, pero necesario… un intelectual en Buenos Aires, un intelectual con la calculadora de la necesidad en la mano. la calculadora la tenemos, la intelectualidad…

  2. Yañez de Gomera dijo:

    Definitivamente no, por lo menos no conozco a nadie con su pluma. ¿A Vintilia lo habrán agasajado los porteños por la misma o por “profesor rumano”?
    También fuimos ingratos con Lugones. Y nos quedamos con cuentistas de pacotilla, es que los argentinos sólo sabemos de “encuadernaciones”. Aunque Borges lo aprecio bastante, lo que no termino de digerir es Sábato, bofe total.

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