II.2. En tren a Bella Vista: El pétalo azul que alegra el alfalfar

Martes agradable:

Hoy Bella Vista me recibió con sol y unos veintidós o veintitrés grados de temperatura. Yo no llevé ningún libro y tampoco escuché la radio en el tren de ida. Solamente tararié esa zamba de la que ya hablé y pensé en el Doctor Ransom, protagonista de la Trilogía Cósmica de Lewis (obra de la que ya he escrito algunas líneas).

Pensé en las críticas que leí o escuché sobre la trilogía lewisiana y me acordé particularmente de los que insisten en que la última parte es inconexa, dura de leer, aburrida, etc.

No han leído la Abolición del Hombre, del mismo autor. No hay entendido al apologista cristiano porque quizás buscaban símbolos berretas, porque quizás querían otro Tolkien, o quien sabe que. Para mi, Esa Horrible Fortaleza es la mejor y más acabada de las tres partes. Reviente quien reviente.

Eso pensaba más o menos hoy en el tren a Bella Vista antes de dormirme por algunos pocos minutos entre Hurlingham y William Morris. Me desperté sobresaltado para ver el cartel de Attack-Can, una especie de escuela amaestradora de perros que no deja de producirme algo de escozor cuando veo sus fondos desde el vagón del San Martín.

También tararié “La Flor Trasnochada” haciendo resonar el sol mayor de la guitarra en mi mente y pensando que todo tiene que ver con una mañana soleada (más allá del obvio y muy fácil juego de palabras). No puedo sacarme de la cabeza el pasaje “la noche y la luz del día” y esa nota cayendo justa en “día”. No puedo ni quiero. Me alegra la mañana muy particularmente y quiero seguir alegrándome (al menos, por lo pronto).

Terminé mis labores a las horas y caminé, a eso de las tres de la tarde, por Moine (Muán) haciendo una parada larga y agradable entre mi empleo y mi hogar, al que llegué, finalmente cuando la tarde caía.

Mi idea era otra y se centraba, básicamente, en caminar por Moreno hasta Francia pateando cascotes y oliendo los árboles. Desviarme de la ruta lógica (Senador Morón derecho, aunque sea fea calle) para pasar unos quince o veinte minutos agradables y pensar y cantar para mis adentros. Pensar en La Abolición del Hombre (que tendré que releer y comentar con algún rigor), en Ransom, en la parejita triste del College Bracton y cantar, mientras tanto “La Flor Trasnochada” de los Paz haciendo sonar el sol mayor por enésima vez.

Tenía que comentar algo acerca de El Gran Divorcio (también de Lewis). No lo hice y probablemente jamás lo haga. Solo les digo que el colectivo es la Gracia. Con eso alcanza y sobra. Mucho más en un día como el de hoy, soleado, agradable con árboles, cascotes, olores, algo de tierra y un sol mayor resonando en mi cabeza que se figuraba, a la fuerza, un “petalo azul que alegra el alfalfar”.

El colectivo es la Gracia.

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