II. 1. En Tren a Bella Vista: Ay! volver volviendo…

Domingo de Octubre:


Después de una semana particular volví. Volviendo a Buenos Aires vuelvo a Bella Vista. Vuelvo a Ferrocarril, a las mañanas con olor a sueño, al aire viciado que se aclara estación a estación, vuelvo a mis tareas diarias, a mi labor semanal.

Después de una semana volví. Un domingo fresquito y agradable me encontró en Buenos Aires diciendo que “somos de Bella Vista”. Yo no soy de Bella Vista. Yo viajo en tren, hasta allá, todos los días desde mi departamento porteño. Hoy, igualmente, dije que “eramos de Bella Vista” sin equivocarme.

Volví entonces, después de una semana particular, a Bella Vista -aunque no esté todavía allá, sino acá, en capital -, y volví desde mi casa, aunque ahora esté en ella. Alguien quizás podrá entender. Soy algo críptico porque soy hijo de esta Argentina que destila barroquismo literario, que oculta lo esencial entre chirimbolos del lenguaje. Mis disculpas.

Estoy de vuelta, y traigo conmigo muchas cosas. Una de ellas es una zamba que quizás oí muchas veces pero que nunca escuché hasta ahora. Tal vez era el momento de incorporarla a la memoria o quizás fue la combinación del fa mayor, do mayor y la menor con la limpieza sonora de un sol mayor (sin séptima) después de un día cansador de caminata.

Ya vendrá el tren de mañana, el rápido que va a Hurlingham pero que para mí para en Bella Vista. Probablemente tararé la zamba cuando me baje y camine las cuadras de rigor.

La Flor Trasnochada

Con la tibieza del sol me arde tu nombre,
siento lejana tu piel de mi horizonte,
busco tu boca en la flor que se abre primaveral
como una estrella en tu mar bebo la noche.

Dame la luz de tus ojos y la brisa
de tu aliento de azahar que me convida,
a vivir el amor, a gozar la pasión
de sentir en mi carne tus caricias.

Es mi sueño, tu amor es mi vida,
la noche y la luz del día.
Eres el pétalo azul que alegra el alfalfar
donde duermen verdes mis ilusiones,
serás por siempre el jazmín
donde en mi nido estará
la golondrina que me hará volar.

Con la guitarra en mis brazos tu figura
duermen el sueño de mis manos cansadas,
y acariciando su piel me encuentra el anochecer
jugando con sus caderas trasnochadas.

Se fue la zamba volando hacia tu encuentro,
vino el silencio que derramó tu ausencia,
y me encontró sin dormir buscando el amanecer
viendo en la luna fugarse tu presencia.

Es mi sueño, tu amor es mi vida,
la noche y la luz del día.
Eres el pétalo azul que alegra el alfalfar
donde duermen verdes mis ilusiones,
serás por siempre el jazmín
donde en mi nido estará
la golondrina que me hará volar.


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