18. En tren a Bella Vista: decimoctava entrega: ¿Que será de Bella Vista?

Domingo:

¿Que será de Bella Vista? Las vacaciones me han alejado de las vías, de los andenes de Lacroze, Palermo, Agnetta y Bella Vista. Me aislaron del rápido, de los chocolates “hambler” (fina y exquisita golosina), de Trevi, de la panchería del andén verde.

Los últimos días, la última semana, si quiero ser preciso, no me vieron en Bella Vista. Yo tampoco la vi (o lo vi, ¿es una ciudad o un pueblo? ¿acaso una localidad?). No camine por ni Sourdeaux ni por Francia. No esquivé los obstáculos a la altura de Moreno ni al San Francisco de San Martín.

Donde estoy hace frío, mucho más que en Bella Vista. Donde estoy el frío es benigno, seco, amical. No es esa ola de humedad gélida que penetra los huesos. No extraño el frío de Bella Vista. Hay cosas que son feas en Moine y en Muán.

No hay coherencia en la redacción de esta decimoctava entrega, tal cuestión está a la vista, no la hay pues no hay tren que una, no hay estación que frene ni Bella Vista que justifique. Estoy leyendo la Taberna Errante (o la Hostería Volante), The Flying Inn, de Chesterton presuponiendo que me dará letra para al menos dos o tres posteos más. La próxima entrega, la decimonovena, ya retornado a mis quehaceres bellavistenses, y con Chesterton a mano y en la mano, habrá más sentido. Supongo que tendré que visitar el Viejo Faro, no me queda más remedio.

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