16. En tren a Bella Vista: decimosexta entrega: L´habit ne fait pas le moine

Domingo Gris:

La semana fue corta: el viernes fue feriado y nadie tuvo que trabajar (los empleados de comercio supongo que si) ni viajar en tren a Bella Vista (al menos yo no tuve que hacerlo).

Me llovió uno de esos días, quizás el martes, no lo recuerdo bien. Me llovió a tres cuadras de mi destino bellavistense y me mojé la cabeza, los hombres y, como es de esperar si se caminan calles de tierra, se mojaron rápidamente mis zapatos y los bordes de las medias. A las nueve y media de la mañana no llovía más y no pude evitar pensar en mi mala suerte. Si hubiera un tren 6:28 A.M desde Lacroze no hubiera estado expuesto al aguacero, la amabilidad del techo me hubiera protegido del agua. El Urquiza me depositó en Bella Vista cuando el agua acechaba.

Calculé por donde ir y calculé mal. Tendría que haber seguido por Sourdeaux, que es de asfalto. Programé rápida y malamente la ruta y tuve que entregarme a los charquitos y al barro de alguna de tierra que se inundaba velozmente. Caminé tres cuadras en el agua innecesariamente, cuadras que ya conozco, que podría haber evitado. Camino todos los días por allí, conozco las veredas pero evidentemente no desarrollé, in totum, el hábitus. “L´habit ne fait pas le moine”.

Ese día, o quizás otro, más soleado, pensé, a mi vuelta vía Palermo, caminando entre las hojas en dos calles: Sourdeaux y Moine. Cuando pensé en ellas estaba de “este/el otro lado de la vía”, estaba entre el Sanma y el Urquiza. Aquí las calles se llaman “Móine” y “Sordó” (esta última comienza a llamarse Surdó, con U, a medida que uno se acerca a Ricchieri). Pensé en eso y decidí cruzar la vía, como la última vez, innecesariamente.

Surdó y Francia 11:00 A.M. Alguna que otra señora corría por la tierra haciendo footing mientras yo me dirigía hacia Muán y de allí, a Senador Morón (que nunca de los nuncas es “Morón”, sino, rigurosamente, “Senador Morón”). A tomar un café con leche con medialunas en la heladería y sentir el chiflete que se cuela en la esquina invernal por el monolito de Escrivá de Balaguer. A leer a Tolkien.

De hecho, ya venía leyendo a Tolkien por Sordó, luego por Surdó y finalmente, cuando tuve que decidir si ir por Moine o seguir derecho, preferí esta última opción: ya cruzaría Muán a su debido momento (cosa que, en efecto, sucedió). Siempre leyendo a Tolkien. Releyendo La Comunidad del Anillo (terminé el Hobbit con una sonrisa y con la determinada idea de que había logrado borrar de mi mente mi lejana ya lectura primigenia que recuerdo como aburrida y algo barroca).

Como sigo con la relectura general de “autores ingleses”, y como ya suspendí la lectura de Doyle, Stevenson y Lewis, y como Tolkien es in “must“, lo estoy releyendo (en la empresa de encontrar “cositas”, vueltas, cuestiones que nunca noté) mientras camino Bella Vista y mientras viajo en tren.

Hice lo propio, tomé mi café, leí alguno que otro capítulo y me dirigí hacia el San Martín, a tomar el tren a Palermo. El viaje fue agradable aunque haya sido de parado. Los miércoles (era un miércoles) viaja mucha gente a las doce y pico, no se por que. Fue agradable, como dije, aunque no fue la lectura de Tolkien el motivo de tal agrado sino la presencia de otro viajante con el que charlamos largamente hasta el subte inclusive. Se puede viajar en el tren de Bella Vista, sin leer, y viajar placenteramente. Se puede. Evidentemente no fue un viajé habitual, no fui cómodamente sentado, leyendo, escuchando a los vendedores. L´habit ne fait pas le moine.

Con mi compañero de viaje nos encontramos entrando a la estación, a la altura donde Moine se cruza con el andén (si se continúa visualmente su trazado). Mi compañero de viaje vive en Bella Vista, vive del lado de Muán.

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Una respuesta a 16. En tren a Bella Vista: decimosexta entrega: L´habit ne fait pas le moine

  1. Tomás dijo:

    Eeeeh. ¡En BV (¿si existieran, los bomberos de Bella Vista serían los BVBV?) no hay veredas! Nunca las habrá. El progreso ahora se llama “reja”. Y sí, no sé porqué pero los miércoles va más gente a Capital. Día jodido para el viajante ferroviario matriculado e imposible para el menos romántico y más próspero automovilista amateur.
    Besitos.

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