14. En tren a Bella Vista: catorceava entrega: Los Cuatro Amores. Amicitia

La amistad surge fuera del mero compañerismo cuando dos o más compañeros descubren que tienen en común algunas ideas o intereses o simplemente algunos gustos que los demás no comparten y que hasta ese momento cada uno pensaba que era su propio y único tesoro, o su cruz. La típica expresión para iniciar una amistad puede ser algo así:¿Cómo, tú también? Yo pensaba ser el único.

Clive Staples Lewis. “Los Cuatro Amores”

Hoy, en el Urquiza viajé leyendo. Estaba más que despierto así que me sumergí en mi relectura general de libros ingleses tocándole el turno, iniciándose con El Hobbit, a Tolkien. Pero en realidad me dediqué a pensar en el libro anterior, Los Cuatro Amores de Lewis. A mi el Lewis que escribe ficción me aburrió siempre un poco pero el Lewis ensayista me parece fabuloso. Tan fabuloso que leerlo mitiga al máximo las penurias del traqueteo del Sanma a la vuelta, hacia Palermo.

Mientras leía el Hobbit pensaba en Lewis, en sus Cuatro Amores y en la Amistad (capítulo cuarto). Se que algún amigo lee En Tren a Bella Vista, se que más de un amigo.

Bilbo, los enanos de Thorin y Gandalf escapaban de horribles y brutales trazgos por cavernas oscuras mientras el Ferrocarril Urquiza me internaba en el conurbano y me llevaba hacia Bella Vista, a Puerta Cuatro, a Sourdeaux y Ruta 8. Gandalf rompía la oscuridad tremenda de las galerías subterraneas con la luz de su bastón mientras yo pensaba en la Amistad según Lewis y mientras me acordaba de Laelio y de Cicerón. En el asiento de al lado cuatro chicas vociferaban mientras oían cumbia en su celular anaranjado. Se habían subido en Pablo Podestá y sin duda parecían amigas o, pensándolo bien, solo compañeras.

Llegué, hice lo mío, pensé todo el día en lo que pensé en el tren y cometí el horrible error de tomar el Urquiza, tardé más de Lacroze a casa que de Bella Vista a Chacarita. “A solo X minutos del Obelisco” resonó en mi cabeza (sonó, no resonó, Virgilio me mataría si acaso dijera que RESONÓ).

A mi vuelta, pensando en Lewis, en la Amistad, en el capítulo IV de “Los Cuatro Amores”, sufriendo el Urquiza atestado de gente me di cuenta que odiaba la vuelta, el viaje, no el tren, y creo que tampoco a Bella Vista. El problema es la terminal, la gente que corre, los tachitos que asan panes, el tráfico, el olor a caucho de Buenos Aires o quien sabe que.

Unos amigos leen En Tren a Bella Vista. Lo se pues me lo han dicho. Amigos, no simplones compañeros. Pensé en ESO que Lewis llama amistad y pensé en como distinguirla, conocerla: ¿Como, vos también? Yo pensaba que era el único”.


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