9. En tren a Bella Vista: novena entrega: Sehnsucht

Día con tiempo:

Viajé con tiempo a Bella Vista. No tuve que despertarme temprano, tempranísimo, como otros días. Además, y para mayor placer, viajé en el San Martín. ¿Que es acaso mejor que viajar sin tiempos que apremien leyendo en el bólido diesel?

Lo que cargué hoy por la mañana fue la edición de Andrés Bello de “Soprendido por la Alegría” de C.S Lewis. Hace varios años leí, velozmente, y malamente sin duda, el texto en el inglés original, “Suprised by Joy”, posiblemente prestado, porque no poseo el libro.

Esa lectura anterior, pésima, me había apartado de Lewis por años. No me gustó lo que leí. Es más, creo no haber pasado el tercer capítulo. Cumplí, en ese entonces, con el pedido del autor: si no produce interés la primera parte, cierre inmediatamente el libro. Lo repite en la tercera. Hoy me comí medio libro con un interés increible y con una voracidad que solo produce en mi la lectura de algún capítulo del ensayismo chestertoniano, las aventuras de Sherlock Holmes, la poesía de Milton, Darío, Blake, el todo tolkeniano, Borges (en pocas cuotas, y cuando no pretende filosofar, cosa poco común y agradable, porque era un pésimo pensador que tuvo dos ideas, posiblemente plagiadas de ingleses del siglo XIX y aún más: se consideraba inteligente cuando no lo era siendo, sin duda, muy culto), etc.

Siendo sincero tendría que decir que Lewis (o Las Crónicas de Narnia) me aburre. O me aburrió en muchas oportunidades. Leí sus tomitos por obligación autoimpuesta. Igual que el Hobbit, que me aburre. Las Cartas del Diablo a su Sobrino son otro cantar: siempre me encantaron. Hoy, con su autobiografía selectiva y trunca (de forma deliberada) retomé el interés perdido en C.S Lewis. Jack para los amigos, su mujer (Joy) y sus familiares (los pocos que tenía). Y para Arthur.

Hice lo que había que hacer en Bella Vista sin demasiados contratiempos y sin irritarme la garganta como de costumbre sucede en miércoles y me dediqué a la lectura de Lewis. En el Sanma a la ida, en la pausa del mediodía y a la vuelta, caminando por Senador Morón, pisando ciegamente las baldosas totalmente desalineadas y los huecos llenos de hojas secas, barro húmedo y papeles revoleados por los transeúntes.  En el tren rápido a Palermo también hice lo mismo (rápido que no esperaba abordar y que, como en otras oportunidades, produce una sensación increíble de velocidad, de control del tiempo, a quien lo toma sin saber que no parará en ninguna estación antes de Chacarita).

Las Puñaladas de la Alegría de las que el autor habla a cada capítulo me sorprendieron gratamente. Ya estoy viendo que quedan pocas hojas del libro y no se si quiero terminarlo. “Sorprendido por la Alegría”, “Surprised by Joy”, es una Puñalada de Alegría (Stab of Joy), es el sentimiento germánico del Sehnsucht que Lewis no termina de traducir y que requirió todo un libro para definir.

La maravilla del libro es que produce (o me produjo a mi al menos) una de esas puñaladas de las que Lewis describe. Uno de esos ataques que él sintió a lo largo de su vida.  Notorio sin duda es que lo pueda realizar a un tipo que está en el San Martín surcando el conurbano bonaerense. Mucho más si ese tipo aborrece del aglomerado urbano en cuestión, e infinítamente más si se considera que la persona “a quo” (en sentido jurídico genérico o más fácil: yo) preferiría estar viajando por los campos ingleses en un tren a vapor, o surcando el desierto estepario de la Patagonia o sentándose a leer en un pub sin música (de los que en Buenos Aires no he encontrado jamás algún ejemplar digno).

La entrega de hoy casi no hace referencia al viaje en tren a/desde Bella Vista. La puñalada de alegría no vino por ese lado. Vino de Lewis.

PD: Me di cuenta (bah, siempre lo supe) que nombré a casi todos autores ingleses. Me hago cargo solemnemente del hecho y listo.

PD 2: Lo de “a quo” no se refiere a un juez de primera instancia (hago la aclaración del caso por las dudas de que algún boga irritante o irritado se extrañe, yo no soy de su gremio) Vale.

PD 3 (y última): Borges no era MUY culto.

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