2. En tren a Bella Vista. Segunda entrega: este/el otro lado de la vía: una excusión por Senador Morón

Día 2:

Hoy es el día. Hoy, cuando me baje del San Martín, voy a caminar por Senador Morón y cruzar la “via chiquita”. Hoy voy a cruzar Francia. Hoy pasaré por el monolito de Escrivá de Balaguer.

La mañana porteña me encontró tomando el 39 y pensando en bajarme dos cuadras antes para fumar un cigarrillo. Ir a Bella Vista me está haciendo fumar más de la cuenta.

Tiré la colilla antes de cruzar Santa Fe mientras me miraba la señora que hace los panes chatos en el tachito con fuego. La esquina de Kentucky estaba vacía, si obviamos a un vago que se rascaba la espalda frenéticamente mientras mantenía una posición extraña, soportando todo su peso sobre un brazo y una nalga apoyados en el suelo.

Subí las escaleras de la estación y compré el boleto: “uno a Bella Vista por favor”. La cara del boletero se frunció al oír el “por favor”. Hoy soy mejor persona.

El andén estaba casi desierto. Solo algunas figuras desdibujadas, hijos del segundo y tercer cordón industrial (o ex-industrial) del conurbano bonaerense se erguían mirando hacia el fondo de las vías, esperando el tren que en algún momento llegaría. El café todavía estaba cerrado y la persiana que lo defendía de atracos oscurecía aún más la mañana palermitana. El tren llegaría en pocos minutos. Llegó.

En nuestro vagón eramos cuatro personas. Cada uno en un bloque de asientos de cuatro: comodísimos. Todo lo cómodos que un tren diesel puede permitir. Dije que el vagón era “nuestro”. Supongo que se produce un inmediato proceso mental por el cual se posee una parte del San Martín si éste viene vacío. Es como alquilar un departamento o una casa en Miramar por un mes. Por unos cuarenta minutos el vagón era nuestro. Solo nuestro. No de los asquerosos viajantes que se subieron en Santos Lugares y Palomar. Intrusos. El Tren a Bella Vista es de mí propiedad.

Llegamos a Bella Vista finalmente. Como tenía que ser. Los otros viajantes siguieron, internándose más y más en el Partido de San Miguel, o quizás hacia Pilar, a cuidar countries o fabricar adminículos de hule en una fábrica de José C. Paz.

El frío de los árboles y el escaso asfalto se empezó a sentir una vez puestos mis pies en Senador Morón. La parada del 176 protegía de una lluvia inexistente a cuatro o cinco personajes. Uno de ellos tenía un piercing en una mejilla. Diez cuadras me separaban de mi destino final.

Crucé Francia y crucé la plazoleta. Crucé la vía chiquita y me prendí un cigarrillo en la puerta de la heladería. Un señor con una gorra con publicidad de una pinturería vendía ropa, probablemente usada, en la garita de la vía chiquita. Frente a él, un local de ropa, de la ropa que me pongo yo, se erguía, como siempre cerrado,  en la ochava. Un pantalón pinzado a 180 pesos. Está caro el corderoy, pero que lindos lompas.

¿Pasará el Serrano por estos lares? ¿O solo lo hace del otro lado de la vía? Quizás encuentre respuestas.

La caminata fue agradable. Caminar por Bella Vista es una experiencia agradable, sin duda alguna las callecitas y calles bellavistenses tienen ese “nosequé” que hace que el caminar sea una actividad fabulosa. Me está gustando esto de de tomar el tren a Bella Vista. Me está gustando mirar los autos que pasan, las madres que llevan a sus hijos a clases, los hombres de corbata que van, como yo hacia Gaspar Campos. Ellos: a tomar el charter. Las casas de tipo francés con tejas ajadas. Hasta le estoy viendo un sentido, estético más que ético, a los paredones de cemento y las ligustrinas: caminar en el frío matutino de otoño por Bella Vista.

Basta de pensamientos. Tengo que llegar. Faltan algunas cuadras. No pienso tomar un remis: tardan mucho y me producen una envidia enorme. Estos tipos, que viven en Mattaldi tienen un renault 19 o un duna. Yo tomo el tren. Además se apropian de mi renta escandalosamente: diez pesos el mínimo. Increible.

Hice una parada técnica en la YPF. La Shell me parece horrenda, en el entrada de Morón se para gente fea a esperar el colectivo. De éste lado de la vía se nota cuando una persona es fea y esta gente que toma el colectivo en ese lateral de la Shell es fea.

Es momento de tomar Irusta. De caminar “para atrás” (en Bella Vista, como en muchas otras localidades, “atrás” es el otro lado, sea cual fuera, el geoposicionamiento relativo es más relativo). Las calles necesarias fueron caminadas, la gente que quema hojas y ramas produciendo un olor asqueroso e injustificable ya fue saludada con gestos casi imperceptibles. Mi día bellavistense está a segundos de comenzar. Ayer creí que “el otro lado/este” de la vía era mejor. Más lindo, más bellavistense. Hoy pienso que éste/ese es más lindo. Habrá que caminar por Muñiz, probarlo todo y definirse.

Ya veremos…

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